Por Joaquín Forrisi
Escritorio Signorelli&Altamiranda
El debate económico de las últimas semanas en Uruguay ha transcurrido respecto a la cotización de la moneda estadounidense en plaza, la comparación internacional, el impacto en el sector exportador y en consecuencia el impacto en la actividad económica.
El mercado cambiario opera en función a la oferta y demanda, donde en este caso es el dólar estadounidense. La oferta de dólares en Uruguay está relacionada a las familias y empresas del sector privado mientras que los demandantes netos de dólares son las empresas públicas. Si bien en el caso de la oferta no se encuentra información desagregada entre familias y empresas, es de esperar que las familias sean demandantes netas de dólares, ya que tienen ingresos en pesos y adquieren dólares para la compra de bienes semi durables, cómo electrodomésticos, y durables, cómo automóviles e inmuebles. Respecto a la demanda por parte de empresas públicas, se aprecia claramente que ANCAP es un demandante de dólares, ya que sus ingresos están nominados en pesos uruguayos por la venta de combustible y las compras de crudo las realiza en dólares.
Un término integrado ya en la cultura uruguaya es el de «atraso cambiario». Este es el incremento de los precios domésticos combinado con una baja del tipo de cambio nominal, lo que, manteniendo todo lo demás constante, perjudica al sector exportador, porque se incrementan los costos, por ejemplo los salarios, y percibe menos pesos por cada dólar exportado. La inflación en dólares respecto a enero 2020 es de 25%.
Esta situación sin dudas es un perjuicio para la actividad económica en el corto plazo, máxime cuando las proyecciones de precios de los principales productos exportados por Uruguay son a la baja. Sin embargo, las estadísticas de empleo publicadas el miércoles 28 de junio sobre el mercado laboral, muestra una recuperación del empleo, con unos 41.000 ocupados más en mayo 2023 que los que hubo en mayo 2022. Además, la tasa de desempleo se mantuvo estable en 8,5%.
Más allá de la coyuntura cambiaria, en el largo plazo la competitividad de la economía está ligada a su productividad e incrementos de productividad derivan en apreciaciones cambiarias permanentes, aunque este no parece ser el caso.
El frenesí del debate económico sobre el dólar transita al ritmo de su caída: cuanto más son los descensos diarios, cuanto más se desmorona, cuanto más se despega del comportamiento en otros países, mayor la preocupación. Sobran los dólares en la plaza y se repiten viejos problemas.
