miércoles 29 de mayo, 2024
  • 8 am

Una Intendencia totalmente ausente

Gustavo Varela
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Gustavo Varela

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Por Gustavo Varela
Cualquier gobierno que se precie de tal, siempre tiende a mejorar el hábitat y la calidad de vida de sus conciudadanos, pues es la materia específica que son llamados a hacer por la Constitución y las leyes de la nación. Tal es lo que trata la sección XVI en adelante de nuestra carta magna.
Si uno recorre otros departamentos verá que dentro de lo variopinto existente, todos los gobiernos departamentales tratan de tener a sus jurisdicciones en buen estado de conservación su infraestructura física, llámese caminos, calles, puentes, puertos etc., como también a su infraestructura social, llámese viviendas, saneamiento, la circulación vial, organización barrial etc.
Hay avances notorios en obras, como así también en una mejor calidad de vida de la gente.
Sin embargo, nos parece que el departamento de Salto, ha retrocedido sustancialmente en los últimos años como consecuencia de la desidia de sus gobernantes que miran más su suerte personal, que la colectiva.
Preste atención Sr. lector el estado de abandono y descuido que tiene nuestro departamento y nuestra ciudad, ya no en cosas básicas que hemos descrito y detallado en forma sistemática en muchas columnas, sino por el contrario, en algunos pequeños detalles, pero que sin duda van mostrando la pereza, la abulia y el desgano de nuestros gobernantes para con la gente.
* El estado en que ha quedado la costanera norte luego de las últimas inundaciones, tanto en la senda, por donde mucha gente camina y hace ejercicios diarios, como así también donde se desarrollan las obras (no me animo a escribir “de mejoramiento”) que parecen no terminar nunca, hacen que uno de los mejores paseos, para propios y visitantes, fuera, es, y será durante mucho tiempo, todo lo contrario a lo que quisiéramos disfrutar y mostrar.
* La pantalla gigante que está en una de las esquinas de la Plaza Artigas y que no cumple ninguna función, pero que además, no es del gobierno departamental, duerme un largo, silencioso, pero visualmente espantoso sueño, al que nadie le quiere meter mano.
* La iluminación de gran parte de la ciudad, con bombillas que no paran de pestañear, alertando sobre la desastrosa situación en la que se encuentra, pero también en zonas donde existe una gran oscuridad, con sus consabidos resultados.
* La situación de algunos museos, como el paradigmático Museo del Hombre y la Tecnología, que nadie sabe responder por qué está cerrado hace tanto tiempo, o el caso del Horacio Quiroga, que también brilla por su ausencia, cuando otrora eran emblemáticas casas de la cultura salteña.
* Los monumentos, que habría que lavarlos como corresponde cada tanto, cómo siempre me lo recordaba el profesor Washington Casal, con llamadas telefónicas para que pinchara “a alguno” que llevara a cabo esa tarea que es muy importante para conservar el acervo de la memoria.
Estos son tan sólo algunos ejemplos de los cientos o miles que se observan diariamente.
Estamos asistiendo a una lenta pero continua degradación de la situación del departamento, y mientras tanto, las autoridades, que deberían estar inaugurando obras a troche y moche, como cualquier gobierno que se precie de tal, se encuentra totalmente inmovilizado, viendo como el tiempo se encuentra haciendo destrozos en las infraestructuras.
¡¡¡Por favor autoridades, hagan algo!!!
Tienen la suerte de haber sido elegidos para hacer, no para estar sentados.