lunes 17 de junio, 2024
  • 8 am

Llegó el momento

César Suárez
Por

César Suárez

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Por el Dr. César Suárez
Siempre hay una actitud que uno asume en cada momento de la vida en la que toque actuar. Cuando uno es pequeño no piensa en otra cosa que jugar y no deja mucho lugar para pensar en el fututo, pero a medida que transcurren los años la vocación o las circunstancias lo van llevando por senderos en ocasiones inimaginables y no queda ninguna otra alternativa que transitar paso a paso por la vida para irse enterando que cosas sucederán y como se armará el futuro de cada quien.
Yo siendo niño en mi vida rural no pensaba en otra cosa que pasarla lo mejor posible dentro de las circunstancias que me rodeaban a la vez que cumplía con el mandato de mis mayores, fue así que, que llegado el momento no me quedó otra alternativa que ir a la escuela, que era en esos años a toda la educación que se podía aspirar en ese preciso lugar donde mi familia vivía para después seguir la tradición familiar de dedicarse a cultivar la tierra en forma artesanal, sin embargo, mis padres, como es tradición para cualquier padre, aspiraban a algo más para sus hijos porque el futuro en la ruralidad no era muy promisorio y con mucho esfuerzo para esa situación, me enviaron al liceo, primero a mí y luego a mi hermana que era unos años menor que yo.
El liceo quedaba a 30 km de distancia y debía viajar cada día en un ómnibus lechero que demoraba una eternidad para llegar y otra similar para volver, en invierno, salía en plena noche a 6:30 de la mañana y volvía casi doce horas después cuando ya había oscurecido.
Los años pasaron y me tuve que ir haciendo cargo de lo siguiera después, y fui a parar a la facultad de medicina con la esperanza remota de que algún día obtendría mi título de médico y hubo, a partir de ahí muchas fechas importantes a destacar.
El 20 de junio de 1969, con 3 meses de atraso, ingresé por primera vez a la Facultad de Medicina, eran tiempos convulsivos y todo comenzaba tarde, en agosto de 1972 la vi a ella y no la podía creer, me había dado vuelta la cabeza, pero después se perdió en la multitud y la circunstancias de la dictadura no me permitió volverla a ver hasta 3 y medio años después y en abril de 1976, la volvía a encontrar y aquel flechazo seguía intacto y ella me correspondió y comenzó una aventura que lleva como 48 años, el 21 de enero de 1977 formalizamos nuestro matrimonio según fecha que figura en el registro civil.
Siguiendo con las fechas importantes, el 28 noviembre de 1978 obtuve el título de médico, el 25 de febrero de 1978 nació Lucía, el 26 de mayo de 1981 nació Javier, el 13 de agosto de 1981 obtuve mí título de dermatólogo, el 2 de octubre de 1981 comencé a trabajar en forma honoraria en Hospital regional Salto, el 6 de abril de abril de 1982 comencé a trabajar en el Centro Médico, el 6 de junio de 2019 terminé mi ciclo en el Hospital, después de 37 años de trabajo y el 06 de junio de 2024 fue mi última consulta, 42 años y 2 meses y atendía mi último paciente y ahora desde hace 3 días soy un jubilado
Esta historia demuestra que hay una edad para cada cosa y que ninguna historia está escrita hasta que se vive el día a día y recién después de transcurrida se puede mirar atrás y dejar firme el relato porque cada cosa ya sucedió y así quedó tal cual como fue y no hay relato que modifique lo que realmente sucedió en el trascurso de tantos años.
Cada etapa de mi vida la viví intensamente y la disfruté como un recreo, el capital mayor que llevo de todas las etapas ocurridas, son un enorme cúmulo de afectos que me han hecho y me hacen muy feliz.
No sé ahora como será la etapa que acabo de iniciar, sólo aspiro a que sea tal cual han sido todas mis etapas que ya he transitado rodeado de todos mis afectos, familia y amigos que he podido cosechar y los que quizás coseche ahora en una vida más distendida con menos responsabilidades tal como le corresponde aspirar cualquier individuo de mi edad al momento de que ni el físico ni la cabeza da para asumir ninguna nueva aventura.