
El Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) está llevando adelante un proyecto de mejoramiento genético en tomate de mesa, con el objetivo de generar un impacto significativo en el sector productivo. El Ing. Agr. Matías González, director del Sistema Vegetal Intensivo, detalló los avances y desafíos superados en esta línea de investigación que se ha extendido por más de una década.
Uno de los logros fundamentales, según González, ha sido la puesta en marcha de un «sistema de innovación» que permite que los nuevos cultivares desarrollados lleguen efectivamente a los productores y, finalmente, a los consumidores. Este sistema, descrito por el profesional como una «artesanía de alianzas, roles e interacciones entre lo público y lo privado», ha requerido la colaboración con empresas y centros de investigación extranjeros, técnicos y asesores nacionales e internacionales, así como con empresas locales. «Corríamos o corremos el riesgo enorme de tener un buen producto, o sea, un cultivar una variedad pero que no llegue a ser un impacto, que no llegue al productor y después al consumidor», explicó González, resaltando la importancia de esta compleja red de colaboración. Tras diez años de trabajo, el INIA cuenta hoy con un sistema «frágil, muy frágil, pero funcionando».
En cuanto a los productos tecnológicos concretos, González mencionó tres cultivares destacados:
» INIA Cimarrón: Un tomate híbrido adaptado para la producción a campo, seleccionado originalmente para Brasil y actualmente en proceso de validación en la zona sur de Uruguay, principalmente en Canelones y San José. Esta iniciativa se lleva adelante a través de un convenio con Embrapa y AgroCinco. Si bien la selección de tomates a campo no es una prioridad actual dentro del esquema de INIA, esta alianza estratégica permite probar y validar materiales con buen comportamiento en ese ambiente. Una característica favorable de este tomate es su «muy buena calidad de fruta» en términos de forma, tamaño, color y firmeza, lo que se traduce en una buena conservación. Además, ha demostrado un buen desempeño en ambientes lluviosos, un factor crítico para la producción de tomate. «Podría ser una ventaja muy importante que es que produce muy bien y da muy buena calidad en ambientes lluviosos», afirmó González.
» INIA Frontera: Un tomate redondo, indeterminado, híbrido, ya en etapa comercial y utilizado principalmente en Salto para ciclos de otoño (trasplantes de diciembre a mediados de febrero). Este cultivar se destaca por su «muy buena calidad» en ese ciclo de producción.
» INIA Tango: Un tomate perita, indeterminado, de tamaño de fruta medio, precoz y muy productivo, con resistencia a oídio. Aunque el tamaño del fruto podría ser una limitante, los productores que lo han utilizado se han mostrado «conformes». Esta retroalimentación de los productores es crucial para el programa de mejoramiento genético, permitiendo identificar posibles limitaciones u oportunidades de mejora.
El programa de mejoramiento genético del INIA prioriza la calidad del fruto como uno de sus pilares fundamentales. Si bien el sabor es un aspecto importante que se abordará a largo plazo, el enfoque actual es no deteriorar las características organolépticas básicas. Además, se está trabajando en la resistencia a enfermedades a través de la biotecnología y marcadores moleculares.
El proceso de desarrollo de un nuevo cultivar es riguroso y extenso. La etapa de selección y evaluación en la estación experimental de INIA Salto Grande dura aproximadamente cuatro años. Una vez que un material muestra potencial, pasa a la etapa de validación en predios de productores comerciales durante tres años. Esta fase es crucial para identificar desventajas que no se evidenciaron en la etapa experimental, como problemas de postcosecha o muertes de plantas al inicio del cultivo. Finalmente, la producción de semilla lleva un año más, tras lo cual el material está disponible a nivel comercial.
Actualmente, INIA ya cuenta con materiales en desarrollo de tipo redondo y perita que buscan superar las limitaciones identificadas en INIA Frontera (resistencia foliar y vigor de planta) e INIA Tango (tamaño de fruta). Los nuevos materiales estarían por comenzar la etapa de validación, para la cual el INIA dispone de un invernáculo dedicado a la producción de semilla híbrida en volúmenes suficientes para las pruebas a escala comercial. Según González, una vez que un material pasa la etapa de validación y es seleccionado, la semilla debería estar disponible comercialmente en Uruguay en aproximadamente «un año, un año y poquitos meses».
INIA ha logrado establecer un sistema de innovación en mejoramiento genético de tomate de mesa que, a pesar de su fragilidad, está dando frutos concretos con la liberación de nuevos cultivares adaptados a las condiciones productivas de Uruguay. Este esfuerzo continuo, basado en la colaboración público-privada y la retroalimentación de los productores, promete seguir impulsando la calidad y productividad del sector tomatero nacional.