Limitantes en maquinaria y extensión limitan la planificación del uso del suelo en la horticultura

Una encuesta realizada en junio de 2024 a técnicos y técnicas asesores hortícolas de todo el país ha puesto sobre la mesa la situación actual del manejo de suelos en los sistemas de producción agrícola. Desde las principales zonas hortícolas, que abarcan Canelones, Montevideo, San José, Florida y Maldonado, hasta regiones como Salto, Artigas y Rivera entre otras áreas, 31 profesionales han brindado datos precisos a través de un formulario online enviado por WhatsApp, permitiendo conocer de forma directa las prácticas empleadas, los desafíos que enfrentan y las oportunidades de mejora, en aras de orientar las futuras estrategias de investigación y difusión de INIA.
El estudio, que abarcó un total de 373 predios asesorados, reveló que las enmiendas orgánicas se utilizan de manera predominante en ambos sistemas de producción, tanto en campo como en invernáculo. Los resultados destacan que el uso de rastrojo, abonos verdes y cama de pollo o gallinaza es una práctica común, aunque en los sistemas protegidos se observa una mayor tendencia al uso de compost, el cual se aplica en dosis superiores, alcanzando hasta 100 Mg/ha para el compost y 150 Mg/ha para abono ovino o vacuno. Esta diferencia en las dosis evidencia la variabilidad en la aplicación de técnicas en función del tipo de cultivo y la infraestructura disponible.
La encuesta también profundizó en la implementación de prácticas complementarias, como la finalización del abono verde mediante picado y enterrado en el 73 % de los predios en campo, mientras que en los sistemas protegidos esta técnica se aplicó de manera casi unánime. Además, la desinfección del suelo, fundamental para combatir enfermedades y controlar malezas, se realiza en el 42 % de los predios protegidos mediante solarización y en el 25 % mediante desinfección química con productos como metam potasio y metam sodio. Este dato contrasta con los sistemas a campo, donde la solarización se implementa en el 32 % de los casos, asociada especialmente a almácigos y cultivos intensivos.
Los problemas sanitarios identificados también aportan información relevante: en los predios de campo, el 44 % presenta incidencias severas de malezas, siendo especies como Pasto bolita, Gamba Rusa y Correhuela las más problemáticas. Por su parte, en los sistemas protegidos las enfermedades ocasionadas por patógenos de suelo y los nemátodos afectan significativamente al 36 % y 25 % de los predios, respectivamente. Estas cifras son cruciales para comprender la magnitud de los retos que enfrentan los productores y para diseñar estrategias de manejo adaptadas a las realidades de cada zona.
Otro aspecto importante es el uso limitado de herramientas tecnológicas en la toma de decisiones. La aplicación de análisis de suelo y agua es inferior al 25 % en los sistemas a campo, mientras que en los invernáculos se recurre al 18 % de los predios para análisis de savia o sondas de succión y al 11 % para el uso de tensiómetros. Esta carencia en la utilización de tecnología avanzada pone de manifiesto la necesidad de ampliar la capacitación y el acceso a herramientas que permitan optimizar el manejo de los recursos y mejorar la productividad.
Finalmente, los técnicos consultados resaltaron que, si bien la aplicación de prácticas como el uso de estiércoles, compost y abonos verdes mejora las propiedades físicas y la materia orgánica del suelo, existen dificultades relacionadas con la planificación del uso del terreno, la limitada extensión predial y la escasez de maquinaria adecuada.