domingo 4 de diciembre, 2022
  • 8 am

¿Cambiaremos?

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

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Por Gerardo Ponce De León
¿Será que todos los seres humanos vamos a cambiar las costumbres? De mi parte y de forma muy modesta ya que gracias a Dios uno está lejos de muchas cosas que se manejan a un nivel, que no es el de uno por más tecnología que se tenga no se puede saber todo lo que se mueve sobre un tema.
Mi opinión, y ojala esté equivocada, es que la comodidad le gana lejos a la sensatez, a la cordura, pero no le gana al miedo. Mientras se tiene miedo, uno se cuida, se protege, pero bastó una señal, algo que me deje ver una luz, para que se vuelva a las costumbres, no importa si son buenas o malas, para dejar de lado el temor que se tenía. La prueba: la gente en la calle. Nos piden, nos exhortan a que no salgamos de la casa, que se mantenga una prudente distancia, que se salga si es necesario y voy a seguir dando muestras y una opinión muy personal.
Se quiere pintar círculos para mantener en las colas la distancia, ¿cómo se hace entender a una persona mayor, que toda su vida, conversó con tal, que no lo puede hacer? Hay que educar a la gente, pero sabemos bien que en la primera de cambio, miramos, si nadie nos ve, hacemos lo que no se puede hacer o nos piden que no se haga.
¿Cómo le hago entender a una persona mayor que la plata, para el pago de pensiones, jubilaciones, da para todos? Van el primer día a levantar su platita.
¿Cómo se hace para que, en un lugar de pago, la empresa que paga tiene que poner más gente ordenando a las colas? Desconozco como es el sistema, en que se gana o pierde la empresa; lo que si se que no se puede pedir que se encargue la policía de eso.
¿Cómo se le puede enseñar a una persona mayor, que nunca o si tuvo fue algo muy superficial, contacto con una computadora, haga una transferencia por intermedio de la tecnología? Me dirán: “que le pida a una persona de su familia, que le haga la trasferencia; pero me pregunto ¿Cuántos tienen una cuenta en un banco? y cuantas veces nos enteramos que le sacan o directamente le roban, los propios familiares, unos pesos.
Si los jóvenes, hacen reuniones para tomar mate y “otras yerbas”, no respetando el pedido de aislamiento o de distancia, como mínimo, le vamos a pedir a gente que hace años hacen lo mismo, cambien sus costumbres.
Y el tema más complicado: las escuelas rurales. No creo que todas las escuelas rurales sean iguales. La mayoría de las que están en el medio del campo, tienen muy pocos niños, por lo tanto no va a existir un “amontonamiento” de niños. Estas escuelas no tienen una frecuencia de conducción como las que están dentro de una villa o poblado (Palomas, Belén, cualquiera de las de Col. Lavalleja) las maestras van los lunes y vuelven los viernes o sábados. La comida de muchos de esos niños dependen de la escuela y es muy difícil que se haga una “olla popular” en esa localidad. Y la más “pesadas” de las realidades, es que en su gran mayoría no tienen conexión con internet, ya que las señales son muy irregulares en esos lugares, y no se puede dejar, que porque son niños rurales, no tienen derecho a aprender.
Todo entra dentro de las costumbres que se tienen, y que son muy difíciles de acomodar en un abrir y cerrar de ojos; y entramos dentro de una valoración: ¿se enseña? ¿se da de comer?, es un tema para ir arreglando y solucionando. ¿Cuántas escuelas hay que no tienen agua, ni un pozo o una “cachimba” y esto no es un problema grave?
Personalmente creo que se tiene que atender a esos niños y sé, que mucha veces la maestra es madre, padre, psicóloga, infidente de esos pequeños que son olvidados por todos nosotros y tiene que venir Covid-19, para despertamos. ¡Pero que vamos a mirar para afuera, si ni miramos cerca nuestro!