Jueves 9 de julio, 2020
  • 8 am

La gestión de la caja en tiempos de crisis

Estudio Signorelli & Altamiranda
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Estudio Signorelli & Altamiranda

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Diario

Por el Ec. Joaquín Forrisi
Para el Estudio Signorelli&Altamiranda
El mundo en general -y Uruguay en particular- ha comenzado un proceso de reactivación social y económica luego de una profunda pausa, con un nivel de coordinación -exprofeso y consensuada- como nunca antes se había presenciado en la historia.
Este “apagón global” inédito, llevó a un intervencionismo estatal en la economía sin precedentes, lo que tendrá a futuro no muy lejano consecuencias que acentuarán los desbalances de flujos financieros globales, frente a lo que los gobiernos deberán en forma coordinada balancear.
Las intervenciones de los gobiernos han procurado estar centradas en mantener el consumo y salvaguardar empresas que afronten problemas financieros. En la jerga económica se habla de realizar intervenciones que permitan mantener las capacidades de crecimiento de largo plazo, esto implica no “dejar caer” sectores o empresas con capacidades de generar riqueza y empleo el “día después”, pero seguramente implique también, de forma oblicua, dejar caer sectores o empresas que ya traían dificultades y que aún en situaciones de normalidad no serían rentables. Ergo, aún en la mayor intervención estatal de la historia, las mismas son pensadas en la organización económica del día después.
A nivel empresarial la lógica es similar, tomar medidas que permitan sobrellevar una situación de crisis pero que además dejen a la empresa en las mejores condiciones posibles el “día después”. La clave en la sobrevivencia de la empresa está en mantener la liquidez necesaria conservando dos factores capitales, neurálgicos para su cotidianeidad, pero más aún para “el día después”: el Capital Reputacional y el Capital de Trabajo.
El Capital de Trabajo tiene un rol sumamente importante, ya que es la variable que afecta directamente a la caja de la empresa y como es sabido, una empresa puede tener pérdidas sucesivas durante muchos años, siempre que obtenga financiamiento externo, sin embargo, no sobrevive un solo día sin dinero en caja.
En este sentido, con el “apagón económico” el ciclo: comprar-almacenar-vender-cobrar-pagar, se ve afectado. En primer lugar, el riesgo de crédito de los clientes es más alto y es presumible afrontar problemas de cobrabilidad, además, la propia baja de la actividad económica general impacta en menores niveles de ventas, por lo que no solo se vende menos, sino que la probabilidad del cobro es más menor.
En otro aspecto, los volúmenes de compras y almacén comienzan a tener un rol importante y una estrategia que puede ser sencilla de implementar consiste en bajar los niveles de compras por debajo del mínimo de reposición de stock a los efectos de tener la caja necesaria para seguir trabajando. Sin embargo, esta estrategia debe ser utilizada con suma mesura, ya que la recomposición del inventario para cuando se dé la reactivación económica puede comprometer la viabilidad de los negocios.
Teniendo cómo norte mantener la caja en positivo, la posibilidad de renegociar contratos o acuerdos de pago están siempre sobre la mesa, la clave está en que la misma no impacte negativamente en el capital más importante de una empresa para el acceder al crédito: la reputación. La asimetría de información entre lo que sabe quién presta dinero respecto a cómo este será utilizado por quien lo recibe, hacen del capital reputacional, en el entendido de la confianza que el prestamista tiene en el prestatario, el mayor activo del prestatario. Por ende, es en el capital reputacional en lo que podrán apalancarse las empresas para acceder a financiamiento futuro.
En este sentido, todas las medidas urgentes necesarias que sean ejecutadas deberán tener por objetivo la viabilidad de los negocios en el mediano plazo; el día después indefectiblemente existirá y todas las empresas requieren de contar con un saludable capital de trabajo y reputacional.