Domingo 5 de diciembre, 2021
  • 8 am

La normalidad

César Suárez
Por

César Suárez

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Por el Dr. César Suárez
En estos días se ha hecho común oír la expresión “nueva normalidad”, una forma de calificar una nueva realidad a la que nos hemos tenido que ir lentamente acostumbrando y a la que un importante núcleo de la sociedad no se termina por adaptar.
En la realidad, la normalidad, es un estado de situación que la mayoría de una comunidad acuerda en forma implícita, como lógica, que en término generales casi todos aceptan como tal.
Hay normalidades que impone la naturaleza y otras, la conducta social.
Es considerado normal que en verano haya calor y en invierno frío, que los niños jueguen y los adultos trabajen, que lo niños concurran a la escuela, que los adolescentes tengan conductas turbulentas y los adultos mesuradas, que los jóvenes se independicen de sus padres, que formen una nueva familia, que los domingos se descanse, que de noche se duerma y así podríamos seguir analizándolas conductas habituales a las que el colectivo social se ha ido acostumbrando, normas que cada uno pretende cumplir, intentando no desentonar con el conjunto que suele manejarse por muchas reglas que están escritas y otras que suelen impregnar en forma imperceptible en las cabezas de todos como si fuera una suerte de contagio que se extiende progresivamente sin necesidad de microorganismos que la trasmitan y que afecta sin remedio a casi a la totalidad.
La normalidad de una misa, es el silencio, la normalidad de una fiesta, el ruido, la normalidad de un casamiento es un traje, la normalidad de la playa es un short de baño, la normalidad de alumno es un uniforme, la normalidad de un obrero de la construcción es un casco, la normalidad de un médico es la túnica y cada uno acepta a tal punto cada normalidad que cuando hay alguien que invade la normalidad de cada escena termina por hacer el ridículo (alguien de traje en la playa, alguien short de a baño en una cena de gala)
Las normalidades van cambiando a medida que transcurre el tiempo y de acuerdo a cada cultura, en Escocia resulta normal un hombre vestido de pollera y en nuestro medio, haría el ridículo, cuando yo era niño, una mujer vestida de pantalón era una transgresión y ahora, prácticamente es la normalidad.
La migración a nuevas normalidades resulta difícil de imponer en una comunidad cerrada pero la progresiva globalización del mundo y el crecimiento explosivo de las herramientas de comunicación global y personalizada, va impregnando todos los grupos sociales,sin barreras que las contengan y la sociedad imperceptiblemente se va “contagiando” y al echar la vista a atrás se termina por percibir como las costumbres cambian.
Algunos cambios los imponen la evolución de la realidad y otros son consecuencia de la necesidad y de la aspiración de diversos grupos sociales que en principio son resistidos hasta que los cambios se terminan por normalizar.
A través del tiempo se han generado conquistas sociales que antes parecían inconcebibles tales como ha sucedido en el siglo pasado con la imposición de un límite de ocho horas de jornada laboral, los descansos de fin de semana, la licencia anual y más recientemente en nuestro país, la extensión de esos beneficios a los trabajadores rurales.
No hace tanto tiempo que se fumaba sin limitaciones en ámbitos cerrados y formaba parte de la normalidad, el cambio de esta modalidad generó muchas resistencias, pero la sociedad terminó por adoptar el respecto de esta norma y hoy día, resulta totalmente normal.
Ahora, en estos días, las circunstancias nos han obligado a una nueva modalidad con uso de mascarilla y distanciamiento social y lo que hasta no hace mucho tiempo resultaba una rareza y hasta ridículo, en poco tiempo nos hemos tenido que acostumbrar hasta resultarnos raro y desubicado el que no la usa en espacios cerrados.
Las costumbres son las costumbres y las costumbres cambian y la mayoría siempre trata de no desentonar y tarde o temprano nos tenemos que adaptar, trasformando en normal lo que antes parecía disparatado.
La normalidad social no existe, se arma con lo que hay.