sábado 5 de abril, 2025
  • 8 am

Libertades que salpican

César Suárez
Por

César Suárez

251 opiniones

Por el Dr. César Suárez
Las decisiones que cada individuo tome en cualquier momento de su vida siempre tendrán por acción o por omisión, una consecuencia y día tras día, formarán parte de su historia personal pero como no vivimos solos, las consecuencias de nuestros actos, inevitablemente, siempre terminarán “salpicando” de algún modo al resto de la gente que nos rodea con mayor o menor intensidad.
Muchas veces invocamos la libertad para hacer lo que a cada uno se le antoje y algunos dirán con absoluto convencimiento, yo con mi vida hago lo que quiero, pero la realidad demuestra que cada consecuencia a favor o en contra incidirá inevitablemente en el entorno y no todo el mundo tiene la disposición de evaluar consecuencias a mediano o largo plazo.
En nuestra sociedad estamos saliendo de una experiencia colectiva en la que más de un noventa por ciento de la población apta para recibir la vacuna anticovid, ha decidido voluntariamente recibirla y a pesar que existe un núcleo de personas que cuestiona la inmunización, la gran mayoría ha entendido la importancia de protegerse a sí mismo y a los demás integrantes de la comunidad.
La inmunización ha demostrado hasta ahora, que, si bien no evita infectarse, reduce esa posibilidad, pero, sobre todo, reduce en un noventa por la posibilidad de morir y también reduce la necesidad de internación, cursando la mayoría de los que están correctamente inmunizados a nivel domiciliario con rápida recuperación.
En otros países con muchos más recursos que el nuestro y que han tenido a disposición la cantidad de vacunas necesarias y más, el núcleo duro anti vacunas es mucho mayor que el nuestro y las consecuencias están a la vista, así está sucediendo en Alemania y en Inglaterra e incluso en Estados Unidos.
Si bien el no inmunizarse es una decisión personal, que lleva a consecuencias personales, con mucho mayor riesgo de muerte personal, esta actitud, inevitablemente trasciende a las consecuencias personales porque va “salpicando” al resto de los convivientes dado que pueden trasmitir el virus, y al enfermar o morir generan una tristeza innecesaria a los afectos y en ocasiones generan un resquebrajamiento familiar, sobre todo cuanto el que muere por no haberse inmunizado es el sostén económico de la familia, pero es mucho más que eso, porque cada persona que enferma tiene que ir a ocupar un lugar en el sistema de salud, consumiendo recursos sanitarios inútilmente, que son necesarios para otras personas enfermas.
Los que se han negado a inmunizarse, obviamente que están asumiendo un riesgo personal y según la información disponible sigue habiendo casos nuevos en forma estable que predominan en personas no vacunadas, incluyendo los niños que aún no se le ha iniciado el plan de vacunación.
Transitar a contracorriente de lo que marca la ciencia y la historia de la inmunización sin ninguna clase de fundamento, incitando con falsos argumentos a gente “distraída” después de tantas muertes y tanto consumo de recursos sanitarios se pude catalogar de una conducta antisocial haciendo un uso perverso de la libertad para atentar con la salud colectiva.
Cuando se pone en riesgo el estatus sanitario de una nación, es necesario regular con reglas concretas para limitar la circulación de los se transformas voluntariamente en vectores de trasmisión de enfermedades, sobre todo cuando están sobradamente disponibles la herramienta para evitar.
Se escuchan cada tanta voz en defensa de la libertad individual. Es obvio, cada uno debe ser todo lo libre se deba y pueda, pero sin atentar con la libertad de los demás de circular en un ámbito seguro, libre del riesgo de enfermar de una infección evitable.