Por el Dr. César Suárez
Allá por los inicios de la década de los noventa fui a atender un paciente que me había llamado a domicilio. La verdad que no tenía nada importante y la conversación derivó hacia otros tópicos.
Resulta que mi paciente era ingeniero y por razones que no recuerdo, la conversación derivó hacia los avances de la medicina y de la ingeniería y de la necesidad de mantenerse actualizado en cada especialidad, fue ese momento que el ingeniero me comentó que él tenía un grupo de intercambio con varios colegas y lo hacía a través de internet.
Para mí, en ese momento (hace alrededor de treinta años) ese comentario me movió a curiosear de que se trataba, fue cuando el ingeniero me explicó, que tenía una casilla de correo electrónico y una vez por semana, iba hasta las oficinas de Antel a revisar su casilla de correo donde podía leer los comentarios de sus colegas a través de este medio y a su vez escribir sus conclusiones. Yo quedé entre incrédulo y asombrado, ¿cómo era eso de la comunicación electrónica?
Unos años después, se comenzó a desarrollar en Antel la comunicación a través de internet a nivel domiciliario y comenzó la locura de la conexión a internet a través de la línea telefónica donde se podía crear casillas de correo individuales y generar cuentan personales y enviar y recibir mensajes. Todo un misterio de inicio.
Recuerdo a montón de conocidos, incluyéndome a mí mismo, interesados en ingresar a ese misterioso mundo, se hacían reuniones, se daban instrucciones e inmediatamente hubo una suerte de explosión comunicacional a través del correo electrónico.
La conexión se iniciaba a través de la computadora, interconectada al teléfono de línea y cada uno intentaba iniciar la conexión, se comenzaba a escuchar extraños ruidos que anunciaban que la conexión se estaba iniciando y los mensajes iban y venían casi como un juego.
Había comenzado una increíble era de comunicación electrónica y el correo electrónico se había transformado en una herramienta imprescindible, algo insuperable. ¿Qué otra cosa mejor que esa se podría inventar?
Sí, claro que se podía. No tuvieron pasar muchos años para que el correo electrónico se fuera quedando demodé, explosión de las aplicaciones de mensajería instantánea, a través de la telefonía móvil, comenzó a arrasar con todo.
Al inicio del siglo veintiuno comenzó la explosión de la mensajería instantánea que adquirió rápidamente un desarrollo descomunal de MSN, Facebook, este último usado masivamente para trasmitir en forma instantánea, sensaciones, estados de ánimo, publicaciones, trasmisiones en vivo ya ampliamente conocido por la mayoría.
En el año dos mil nueve, una iniciativa entre amigos para dejar mensaje cuando no se podía atender una llamada telefónica, rápidamente empezó a interesar a otras personas, se creó una empresa para trabajar en su desarrollo a la que se denominó WhatsApp y rápidamente adquirió un desarrollo descomunal, tanto que en dos mil catorce (cinco años después) la empresa fue vendida a Facebook por diecinueve mil millones de dólares (el doble de los que exporta Uruguay en un año) y hoy la usan en el mundo, más de dos mil quinientos millones de personas.
Simultáneamente se ha desarrollado infinidad de aplicaciones parecidas o diferentes cada una con sus especificidades tales como Telegram, Instagram, sin olvidarnos por supuesto de Skype (dos mil tres), YouTube (dos mil cinco), Zoom (dos mil catorce) aparte de una variedad de aplicaciones por el estilo que suelen mantener ocupadas innumerables horas de cada día de cada uno de nosotros.
Si en tan poco tiempo han surgido tantas nuevas herramientas de comunicación, ¿qué nos espera en el futuro?
Ahora se anuncia el metaverso, un entorno “mágico” que permitirá que se genere un ámbito virtual donde cada quien puede interactuar a través de avatares sin importar donde cada uno esté, (a diez metros o a veinte mil kilómetros de distancia) como si cada uno estuviera ahí.
Todavía no pasaron treinta años de aquél mágico momento, que por vez primera escuché al Ingeniero Migues, hablarme de Internet y del correo electrónico.
Poco tiempo después, estábamos todos maravillados con esa herramienta de comunicación que en ese momento parecía algo insuperable.
¿Qué nos traerá el futuro de los próximos años?
Imposible de imaginar.
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