sábado 5 de abril, 2025
  • 8 am

Cada uno con su locura

César Suárez
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César Suárez

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Avisos judiaciales

Por el Dr. César Suárez
Me encantaría viajar si no fuera que tengo que ir hasta ahí.
Sin dudas que hay lugares hermosos en cualquier parte del mundo que despiertan una atractiva curiosidad, ver en cada lugar paisajes, edificios , parques, monumentos, obras de arte de belleza inconmensurable que habitualmente podemos ver en fotos o en videos con todos sus detalles, pero nunca es como estar ahí, apreciarlo con nuestros propios ojos y percibirlo con todos nuestros sentidos adornado por los relatos de la historia de cada estructura que en ocasiones han permanecido ahí por cientos de años, lugares que fueron transitados por personajes históricos que ha vivido hace muchos siglos generando en nosotros emociones y fantasías casi imposibles de relatar.
Obviamente que cada uno tiene su forma de ser, su forma de pensar, su personalidad y sufre o disfruta de cada circunstancia que le toca vivir, cada uno convive con su locura personal y en la “Viña de Señor” nos podemos encontrar con conductas en ocasiones difíciles de interpretar, pero cada uno es como es y algunos encuentran su zona de confort en ámbitos que para otros podría ser totalmente insoportables, en ese sentido, es la cabeza la que manda y la que está en condiciones de elegir cuando las opciones se diversifican y al que tiene la capacidad de “hacerse el bocho” y disfrutar o de hartarse con lo que sea.
Cuando me toca viajar por elección propia o por necesidad, antes de partir no veo la hora de llegar, con el agravante que luego, debo regresar, tengo que desandar el mismo camino que me llevó de ida.
Yo por necesidad más que por placer, he tenido que transitar repetidamente grandes distancias en procura de estar en eventos donde se actualiza el conocimiento, una necesidad casi imperiosa, de la responsabilidad profesional porque hay personas que ponen su salud en nuestras manos y confían y el conocimiento actualizado es sin dudas una obligación ética a la hora de ejercer un acto médico, congresos, cursos, ateneos que al cabo del tiempo se multiplican pero que suelen estar un tanto lejos, en la capital o fuera del país, sin dudas, un esfuerzo constante durante décadas.
Insisto, cada uno se maneja con su locura personal, pero yo suelo disfrutar de cada uno de estos eventos al regreso, por la satisfacción de haber cumplido con esa instancia y quedarme con los recuerdos porque cada actividad siempre es disfrutable desde el inicio hasta el final. No me resulta complicado estar donde sea, lo complejo es tener que ir y luego tener que volver.
Con el propósito de incorporar nuevos conocimientos, ya hace como cuarenta años tuve la oportunidad de visitar varios países de Europa y no sólo disfruté de instancia de aprendizaje que era mi principal propósito si no también visitar los lugares más icónicos de los cuales conservo en mi memoria nítidos y agradables recuerdos de los lugares visitados, eran otros tiempos y las dificultades de comunicación le ponía un ingrediente más a la ansiedad y a pesar de haber cumplido con creces con todos los propósitos, mi verdadero disfrute fue al momento de regresar con la misión cumplida.
Después transité decenas de miles de kilómetros por tierra de ida y vuelta a Montevideo y Buenos Aires, así como numerosos viajes en avión a varios otros destinos siempre con el mismo propósito, mantener conocimientos actualizados.
Será por eso que ahora disfruto de instancia de aprendizaje continuo a través de las plataformas virtuales desde la comodidad de mi casa.
Si algún día se llega a desarrollar la tele-transportación, seguro que soy el primero en anotarme y ahí sí que no faltaré a ningún evento presencial y hasta haré turismo de placer en cualquier parte del mundo. Por ahora, el problema mío sigue siendo tener que ir hasta ahí, la instancia de ida y de regreso, mientras tanto sigo disfrutando de las instancias virtuales que me evitan las instancia tan aburridas del camino de ida y de regreso.
Lo dicho más arriba, cada uno se quede con su elección o su locura mientras no les haga ningún daño a terceros.
Como dijo el Negro Jefe, “los de afuera son de palo”.