miércoles 30 de noviembre, 2022
  • 8 am

Sobre la inflación en Uruguay

Estudio Signorelli & Altamiranda
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Estudio Signorelli & Altamiranda

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Joaquin Forrisi
Ayer, 5 de octubre, el Instituto Nacional de Estadística publicó el último dato de inflación, mostrando un incremento de los precios en setiembre de 0.84%, dejando la inflación entre enero y setiembre en 8,65% y la variación anual en 9,95%, cerca, muy cerca, del umbral psicológico del 10%, umbral al que distintos Gobiernos han procurado no sobrepasar, recurriendo a medidas heterodoxas.
La inflación de 0,84% es significativamente más alta que la prevista por los analistas en la última encuesta de expectativas de inflación, que estimaban 0,5% y deja algo lejos la estimación de los profesionales sobre la inflación en 2022, que proyectaban en 8,9%.
El rubro con mayor incremento en los últimos 12 meses fue alimentos y bebidas no alcohólicas con un incrementoen los últimos 12 meses de 11,9% seguido por vivienda que registro un aumento entre octubre 2021 y setiembre 2022 de 11,4%. Más allá del incremento del índice general, la inflación subyacente, una medida que excluye de la medición a bienes y servicios volátiles o con precios administrados, por lo que refleja de mejor forma el comportamiento de la dinámica del mercado a largo plazo, mantiene, cómo desde hace ya algunos meses, en valores próximos a 9,5%, por lo que es alta y persistente.
En agosto 2020 había anunciado que el rango meta de inflación a partir de setiembre 2022 sería entre 3% y 6%, disminuyendo en 1% el techo del rango meta. Estas medidas buscaban alienar las expectativas de los agentes en un plazo de tiempo razonable, 24 meses, y dar una señal de la priorización del objetivo de estabilidad de precios. En las últimas reuniones del COPOM se ha anunciado incrementos en la tasa de referencia de la política monetaria, llevándola a 10,25%, en un fuerte sesgo contractivo que busca también afectar las expectativas y generar credibilidad en los agentes.
Para logara su objetivo el BCU se enfrenta a un contexto global actual distinto al de setiembre 2020. Actualmente los estímulos monetarios de las principales economías para sobrellevar la pandemia están generando presiones inflacionarias luego de 40 años de estabilidad. Además, la guerra en Ucrania ha tenido un efecto en las cadenas de suministros de energía y fitosanitarios que impactaron fuertemente en los principales precios de las economías centrales. Powell, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, ha dicho que se hará lo que sea necesario para contener la inflación, pero, al menos hasta ahora, no se conocen experiencias de baja significativa de inflación sin recesión, y esto es algo a tener en cuanta tanta para Estados Unidos cómo para Uruguay.
Bajar la inflación en este contexto internacional requerirá de esfuerzos extras a los que hubiera implicado en el escenario macroeconómico de inicios del Gobierno. Hay consenso académico en que la inflación es un fenómeno monetario, por lo que el BCU es quién puede obrar para contenerla, y que es un impuesto indirecto regresivo, por castigar a los sectores con menos ingresos, sin embargo, cuando sea el momento de implementar las medidas para bajarla a niveles próximos al piso del rango meta esto implicará una baja en la actividad con sus indeseadas consecuencias sociales.