miércoles 30 de noviembre, 2022
  • 8 am

El norte también existe

César Suárez
Por

César Suárez

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Por Dr. César Suárez
Toda cosa por más grandilocuente que sea, siempre tiene su inicio y en general comienza con una idea, con una propuesta. Una vez que se concreta, de inicio, inevitablemente pasa por ciertas improvisaciones para que después en el curso del tiempo se vayan corrigiendo y perfeccionando de acuerdo, a la demanda, a las necesidades y a las circunstancias.
Nuestro país nació a la independencia plena en 1830 pero tuvo que esperar cuarenta y cinco años, hasta el 15 de diciembre de 1975 para tener una facultad que enseñara la carrera de medicina.
Como todo lo que recién se inicia, comenzó en forma precaria en viejo edificio, en la esquina de Sarandí y Maciel con sólo dos cátedras de Anatomía y Fisiología.
Rápidamente fue creciendo el alumnado que obligó a que las autoridades del país, en fecha doce de julio de 1901, a través de la ley número 2711 se autorizó la construcción de un nuevo edificio en la avenida General Flores tomando como modelo la Facultad de Medicina de París.
Los cursos en el nuevo edificio comenzaron en marzo de 1911 bajo el decanato del Profesor Doctor Manuel Quintela.
La formación de nuevos y numerosos médicos más las necesidades asistenciales fueron creciendo y se fueron instalando hospitales que se agregaron al Hospital de la Caridad Pública luego rebautizado como Hospital Maciel. En 1908, el hospital Pereira Rossell dedicado a la clínica de niños, ginecología y obstetricia, todas dependientes técnicamente de la Facultad de Medicina y en 1922, se habilitó el hospital Pasteur donde se instalan varias clínicas.
Pero era evidente que la Facultad debía tener un hospital clínico ya que los convenios con el Ministerio de Salud Pública, aunque satisfactorios en general, obligaban a muchas limitaciones en el desarrollo de la enseñanza y la investigación. Era necesario pensar en un hospital de tal modo organizado que la asistencia estuviera articulada la docencia y la investigación. El Dr. Manuel Quintela, siendo decano, logró que el Poder Legislativo aprobara un proyecto en tal sentido, en 1926. Se llamó a concurso y en 1930 se pone la piedra fundamental del monumental edificio de 24 pisos que recién se habilitó en 1953, que aloja hoy a casi todas las clínicas de la Facultad y que lleva el nombre de su iniciador: “Hospital de Clínicas Dr. Manuel Quintela”.
La medicina fue rápidamente progresando se fue complejizándose y diversificándose en el mundo y también en nuestro país y rápidamente se fueron generando nuevas cátedras vinculadas a diversas especialidades dado que era imposible para un mismo médico abarcar todo el conocimiento generado, siendo necesario el aprendizaje fraccionado en cada una de las áreas de los nuevos conocimientos y nuevas tecnologías que han ido llevando que cada especialidad se haya ido diversificando en sub especialidades con conocimientos específicos.
En el momento actual, la Facultad de Medicina ofrece cursos para ciento siete especialidades o sub especialidades lo que ayuda a perfeccionar los diagnósticos y los tratamientos de enfermedades que antes carecían de una respuesta adecuada por falta de tecnología adecuada, conocimiento y de experticia.
Tradicionalmente y por casi ciento cincuenta años, la enseñanza de la medicina se ha centralizado en la capital del país donde también se ha centralizado la tecnología y las oportunidades de tratamientos y oportunidades laborales para los médicos lo que ha llevado a que, al norte del Río Negro, donde vivimos el diecisiete por ciento de la población sólo esté radicado el siete por ciento de los médicos del país.
Felizmente, luego de gestiones que insumieron décadas, al norte del Río Negro se concretó por fin la enseñanza de la carrera completa de Medicina en Paysandú y Salto. Paysandú tendrá un moderno edificio adaptado a estas nuevas necesidades, lográndose de esta manera un justo equilibrio de redistribución de posibilidades en la medida que se termina por reconocer que el norte también existe.