sábado 4 de febrero, 2023
  • 8 am

Otra vez lo mismo

Por Dr. César Suárez
Yo por razones de edad, he tenido la oportunidad de celebrar o por lo menos transitar decenas de veces por la conmemoración del fin de un año y el inicio de uno nuevo, pero analizando fríamente el almanaque, simplemente se trata de una fecha a la que no todas las culturas le asignan el mismo valor poniendo el fin y el inicio de año en otra fecha tal como sucede en China donde el año nuevo se inicia el primer día del primer mes del año lunar en el entorno del nuestro 20 de enero o en Israel, que el primer día del años se celebra a la puesta del sol del nuestro 25 de septiembre. En nuestras latitudes tiene una impronta religiosa y se celebra una semana después del día del nacimiento de Jesús Cristo.
Para el ser humano, por tener entre nosotros una interrelación permanente, necesitamos de crear numerosos códigos para interactuar en forma ordenada y poder ponernos de acuerdo y actuar coordinadamente, es por esa razón que necesitamos disponer de herramientas para medir el transcurso del tiempo.
Para planificar cualquier actividad colectiva, lo primero que necesitamos establecer un lugar, una fecha y una hora de modo que todos los convocados podamos coincidir al mismo tiempo y el mismo sitio. Si no existieran los almanaques y los relojes, cualquier intento de emprender una actividad conjunta sería un caos por esa razón, para los habitantes de nuestro planeta, la regularidad de los movimientos de la Tierra, del sol y de la luna son una referencia inexcusable, aunque muchos que cuentan con todas herramientas e igual llegan tarde a lo que sea.
Es claro que un día está relacionado con la rotación completa de nuestro planeta sobre sí mismo lo que hace y la presencia o ausencia de los rayos solares sobre el lugar que habitamos genere el día o la noche y a alguien se le ocurrió que es tiempo de rotación de la tierra sobre sí mismas había que dividirlo en veinticuatro horas, cada hora en sesenta minutos, cada minuto en sesenta segundos.
A su vez, se establece como año, una rotación completa del planeta tierra alrededor del sol para lo que tiene que transitar a más de cien mil kilómetros por hora.
Caprichosamente, se estable en la mayor parte del mundo que el año comienza el primero de enero.
En nuestro país, la mayoría de la gente no tiene idea acerca del origen de estas conmemoraciones, sólo saben que según el calendario, un año se termina y comienza otro, que en diciembre se cobra el medio aguinaldo, que un gran número de personas celebran que se termina un año de porquería y que apuestan todo a nuevo año que comienza, se reúnen las familias, amigos y conocidos, se come y bebe hasta reventar, se explotan cuetes y lo que prometía un inicio de año venturoso solo sirve para constatar una molesta indigestión, dolor de cabeza generado por el exceso de combustible líquido y comprobar que nada cambió, que hay que comenzar a remar de nuevo en el peor mes del año porque las fiestas se consumieron parte de los recurso que se necesitaban para encarar el mes de enero.
Tal como sucede año tras año desde que yo tengo memoria, el nuevo año, lo único que cambia es la fecha y en los últimos años, algunos datos administrativos donde en nuestro país se establecen las nuevas tarifas públicas, se fijan los aumentos de sueldos y jubilaciones y la esperanza de que el año que se inicia traiga ventura para los que se auto perciben sufrientes pero en el correr de los días y de los meses, cada uno de los que esperaban algo nuevo se van dando cuenta que todo sigue como era y pronto, de nuevo, comiencen a pedir que se termine este año de porquería para pedirle a próximo otra vez que renueve las esperanzas de tiempos de ventura.