miércoles 29 de mayo, 2024
  • 8 am

El arte de curar

César Suárez
Por

César Suárez

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Por el Dr. César Suárez
Las enfermedades son consecuencia de un desequilibrio que se sale los límites de lo que estadísticamente consideramos como normalidad.
Es muy difícil no escapar de esos límites en algún momento o por algunas circunstancias, por consiguiente, nadie puede afirmar “nunca estuve enfermo” porque con sólo estar expuesto factores ambientales, a factores sociales y a susceptibilidades individuales, hace que estadísticamente con mayor o menor frecuencia cada individuo sea afectado por un desequilibrio que lo termine por sacar, aunque no sea más que temporalmente de su eje.
La preocupación por la salud es una constante en cualquier comunidad desde la hipocondría extrema hasta negligente del que se niega a consultar, muchas veces por el temor de que le encentren una enfermedad haciendo que las enfermedades silenciosas avancen sin que nadie les ponga coto.
Esta inquietud que ha afectado a la humanidad desde tiempos inmemoriales y desde siempre hubo estrategias para intentar recuperar el equilibrio sanitario a veces con metodología burdas e irracionales hasta el manejo de recursos provenientes de la naturaleza, de la experiencia y la trasmisión generacional que fueron acumulando conocimiento a través de los siglos que fueron generando recursos hasta llegar a la medicina moderna que adquirió una enorme aceleración en la segunda mitad del siglo 20 y este casi cuarto del siglo 21.
El progreso de la farmacopea y de la tecnología diagnostica a través de técnicas de laboratorio, imagenología y la aparatología que nos ha llevado en forma acelerada a contar con herramientas diagnósticas y terapéuticas ni siquiera imaginadas hasta no hace tanto tiempo y que pone al cuerpo médico en una situación cada vez más favorable para el diagnóstico y manejo de enfermedades.
Sin embargo, con todo el progreso que ha tenido la medicina, lo que nunca cambió ni cambiará es la importancia de la relación médico – paciente y la necesidad de que el médico lo observe minuciosamente y realizar un prolijo interrogatorio clínico, un examen físico adecuado, una evaluación cuidadosa del entorno del paciente, de su capacidad de comprensión de las indicaciones por y de las chances que cada individuo tenga la posibilidad de realizar el tratamiento propuesto, también teniendo en cuenta, la situación cultural, laboral, familiar, de la persona que el médico tiene enfrente, y sobre todo, saber manejar la empatía que cada paciente necesita de acuerdo a la situación emocional que transita que termina por ser una gran parte del resultado que tendrá el tratamiento vinculado a la satisfacción de quien necesita el apoyo para enfrentar el trance que está viviendo y poderse ubicar en términos simples en la realidad en la que está inmerso. En necesario saber negociar con el paciente, con su familia o con su entorno para lograr la satisfacción plena, asegurándose siempre que su paciente puede realmente cumplir con las indicaciones y sobre todo asegurarse que él y/o su acompañante comprendieron cabalmente para lograr optimizar el resultado.
En ocasiones, la preocupación del paciente está ligada a la creencia de estar enfermo de algo, en este caso, el arte de médico es tener la capacidad de descartar la enfermedad que no tiene y saberle dar tranquilidad necesaria a través de una consejería adecuada.Saber descartar es un acto médico trascendente, también es un acto médico y entender tanto paciente como el médico que hay circunstancias que quien consulta necesita una consejería y no necesariamente un medicamento.
Desgraciadamente, estamos sobregirados en solicitud de análisis de laboratorio que no se ajustan a la realidad del paciente y que no se percibe dado la falta de un interrogatorio un examen minucioso, así de la prescripción de medicamentos que un análisis más cuidadoso los descartaría.
Cada individuo debiera disponer de un médico de cabecera, un referente, un médico de familia que lo oriente adecuadamente que conozca a su paciente en todas sus facetas y seguramente que con ese conocimiento podrá resolver más del 80 de los casos y para el resto sabrá como orientarlo a diferentes especialidades cada vez que sea necesario.
Después de todo esto viene la importancia de la tecnología moderna, de la prescripción de una droga adecuada que agigantará su importancia cuando se recurre a ellas en forma lógica y racional.