domingo 27 de noviembre, 2022
  • 8 am

“El amor por los caballos y por el campo fueron determinantes para optar por la veterinaria”

Por Melisa Ferradini.
Guillermo de Nava Silva tiene 55 años y es Médico Veterinario. Esta casado con una colega, Mónica Rodríguez Sabarrós (52) y tiene tres hijas, María Eugenia (24), María Carolina (22) y María Fernanda (20). Es egresado de la Universidad de la República en 1991. Obtuvo su Maestría en Agricultural Science en la Universidad de Massey de Nueva Zelandia con Honores de primera clase en 1994. Realizó entrenamientos en reproducción animal en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Minnesota en USA en 1989, en la compañía Livestock Improvement de Nueva Zelandia en 1993, en el INIA de Madrid, España, en el 2002 y en el Instituto de Investigación del INTA de Balcarce, Argentina, en el 2003. Ha desarrollado y validado programas de inseminación a tiempo fijo en diferentes categorías y ha escrito un libro sobre el tema publicado por la Editorial Agropecuaria Hemisferio Sur en el 2013. Tiene más de una veintena de trabajos de investigación publicados sobre distintos aspectos de reproducción bovina. En diálogo con nosotros descubrimos la pasión que realiza en su profesión y en el poder de transmitirlas a otros.


-¿Porque eligió la carrera de veterinaria?
-Fundamentalmente por el amor a los caballos. Buena parte de mi adolescencia giró en torno a ellos. Esa pasión fue la que me hizo querer al campo. Y en la génesis de ese cariño hacia el campo, hubo una persona muy especial, muy importante para todos nosotros, quien fue Don José Amalio Silva Gómez, -el “Tío Pardo”, como lo llamábamos sus sobrinos-, una persona excepcional y generosa con quién solíamos pasar largas temporadas en campaña. Una vez en Facultad de Veterinaria, los buenos profesores que tuve en ciertas materias relacionadas a la reproducción animal hicieron que me volcara hacia el apasionante mundo de las vacas.
-¿Que expectativas tenía cuando comenzó sus estudios?
-Estaba lleno de dudas e incertidumbres, naturalmente. ¿Cómo sería el trabajo veterinario? ¿Lograría con él un sustento decoroso? ¿Podría lograr trabajar en aquellas áreas que consideraba más apasionantes? Los zapallos se fueron acomodando lentamente en el carro a medida que pasó el tiempo, y aquellas dudas se fueron de a poco disipando.
-¿Cómo consiguió especializarse en la reproducción bovina?
-En 1989, tuve la fortuna de ganar una beca de estudiante de los Partners of America para hacer un entrenamiento en reproducción con los estudiantes que estaban por recibirse en la Universidad de Minnesota, en USA, que abrió ese mundo para mí. Luego, ya recibido, en 1991 gané una beca del gobierno de Nueva Zelandia para hacer una Maestría en la Universidad de Massey de aquel país, en donde estuve casi tres años. Ambas experiencias fueron relevantes para mi formación profesional.
-¿En qué está trabajando actualmente?
-Trabajo en ejercicio liberal de la profesión, en establecimientos ganaderos del norte de nuestro país. Nuestra actividad va desde trabajos puntuales en los predios, aplicando alguna tecnología específica como puede ser un programa de inseminación, el chequeo reproductivo de toros previo al servicio o evaluaciones de preñéz en rodeos de cría, hasta programas de asesoramiento productivos más integrales en donde tenemos en esos establecimientos un cronograma de actividades que abarca desde aspectos nutricionales o sanitarios, hasta el programa de mejoramiento genético de la hacienda. En muchos de esos predios ganaderos integro equipos de trabajo con otros colegas, con agrónomos y con los administradores, cuya actividad se vuelve muy dinámica y enriquecedora.
-¿Cómo surgió la idea de hacer un libro sobre inseminación y de trabajos de investigación sobre la reproducción bovina?
-La tecnología de la inseminación a tiempo fijo, llamada por su sigla “IATF”, que permite prescindir de la tarea de detectar celo y, por eso, simplifica el servicio y lo hace posible en muchos predios, tiene algo más de 20 años. O sea que es una práctica relativamente nueva. Desde que leímos los primeros trabajos publicados internacionalmente en 1998, comenzamos a chequear mediante ensayos controlados en el campo, diferentes variaciones a los protocolos para llevar a cabo la inseminación. Eso nos permitió alcanzar un programa que obtenía tasas de preñez muy buenas, -mejores a las que se reportan aún hoy en la región con otros protocolos-, por lo que creímos que podía ser interesante volcar esa experiencia en un libro, en el que se detallaran los trabajos de investigación en que se basan esos protocolos, la metodología con que los aterrizamos en el campo y los resultados que se logran obtener con su aplicación.
-¿Puede contarnos cómo es un día de trabajo?
-Normalmente es una combinación de trabajo físico con trabajo intelectual, matizado por mucho tiempo manejando para ir y volver de los establecimientos ganaderos. El tipo de trabajo varía mucho de acuerdo a las diferentes épocas del año. En otoño vamos de un predio a otro haciendo ecografías para diagnóstico de gestación en rodeos de cría. Cuando esa tarea va culminando, tenemos visitas a predios en los que hacemos seguimiento de su hacienda a efectos de lograr determinados objetivos productivos. En invierno, comienzan los programas de inseminación en algunas categorías como las vaquillonas de 18 meses. En esta época, ya estamos con las evaluaciones reproductivas de toros, para comenzar en pocas semanas con los programas de inseminación, en la que es la época más ocupada del año. Es cuando necesitamos una estricta planificación, para aprovechar el tiempo. Vamos de un establecimiento a otro, chequeando y sincronizando los vientres a inseminar, coordinando otros trabajos, haciendo el servicio correspondiente, para luego hacer la evaluación ecográfica de los animales servidos. A medida que va disminuyendo esa actividad, comienza lo que llamamos monitoreo de entore, en donde evaluamos el estatus fisiológico de las vacas paridas para tomar decisiones de manejo que nos lleve a lograr preñarlas, cuando aún hay tiempo para ello.
-¿Cómo ve el desarrollo de la reproducción animal en nuestro país con respecto a países de la región y del mundo?
-Cuando uno mira un indicador global en vacunos, como la tasa de procreos que tiene nuestro país, se observa que es muy baja, con años que es menor al 60%. Sin embargo, existen establecimientos en Uruguay en los que la tasa de procreos se ubica en el entorno a 90%. En esos predios, se aplica un manejo reproductivo de primer nivel en el mundo. O sea que en estos rodeos uruguayos en que los indicadores reproductivos son muy buenos, el grado de adopción de tecnología se asemeja a aquellos buenos predios de países de punta como Australia, Nueva Zelandia o USA. En la medida que más gente comprenda que vale la pena tener buenas tasas de destete con cargas relativamente altas y manteniendo los costos relativamente bajos, porque eso mejora los indicadores económicos de la explotación, quizás esté más dispuesta a lograr mejor comportamiento reproductivo en los rodeos. Algo similar ocurre en la producción ovina.
-De su labor como docente en la Facultad de Veterinaria, ¿tendría alguna anécdota que le gustaría compartir?
-Mi trabajo como docente honorario de posgrado se limita a la participación en alguno de los cursos para egresados, en alguna clase de grado o como cotutor en trabajos de tesis. Además de los aspectos específicos, mi tarea muchas veces consiste en recordarle a los estudiantes que nosotros trabajamos con gente, y es ese relacionamiento con la gente lo que determinará, en última instancia, nuestro éxito como profesionales en esta, o en cualquier otra carrera. Y que somos afortunados por trabajar con la naturaleza y en contacto con la tierra, en donde, a pesar de todas las grandes dificultades, al decir del poeta, la poesía nunca se extingue.