Domingo 7 de marzo, 2021
  • 8 am

Modo tóxico

Gisela Caram
Por

Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram*
Escucho permanentemente la frase “es una relación tóxica”, muchos hablan de esto, etiquetando cada vínculo que les resulta displacentero o diferente al modo propio.
Hay mucho escrito sobre sobre lo que es “tóxico”. Pero nadie explica qué hacer con esto, cómo tratar estas relaciones, el resultado es siempre separarse, huir, alejarse.
Como si fuera fácil salir.
No lo es. Es quizás una manera de relacionamiento, difícil de desestructurar.
Qué se considera tóxico?
Tóxico o patológico son aquellos vínculos de dependencia, de control, de descuido, de destrato, de desvalorización, de eterna o infundada desconfianza, de amenaza de abandono o separación del otro.
Si por años se sostiene una relación, a la hora de juzgar, debería pensarse si en este vínculo, cada uno creció, avanzó, logró metas propias; o se paralizó cada uno como persona.
A veces uno avanzó y el otro no. Quizás uno cedió espacio para que el otro creciera, estudiara, trabajara o avanzara,
Quizás uno pudo renunciar a su tiempo en favor del otro.
Cuando la situación es consciente, no debería sentirse como enferma, se decidió entre dos.
Cuando no es pensada, consciente, sino impuesta, a la larga genera displacer, postergación.
Hay un circuito frecuente en este tipo de relacionamiento: el manejo del otro, la dominación, el control, y cuando éste se va gastando, quien está en lugar de víctima, empieza a ser consciente de su lugar y mueve algo para salir de ese lugar, el victimario afloja, manipula, cambia de actitud, hace regalos, promesas, castillos en el aire. . .
A veces, las personas se conectan no desde su lao saludable, sino desde el lado enfermo…
Puede que uno tenga un amor muy sano para ofrecer, pero si el otro es demandante, controlador, anula o domina la relación, la cosa no avanzará “pareja”.
Hay cuestiones personales en la sumisión, que son arrastradas de otras relaciones, también puede haber influido el modelo de pareja de padres.
No se trata de culpabilizar a nadie, cada uno es responsable de su vida y debe mirar para adentro y pensar cómo construye sus vínculos. Cómo hace sus elecciones de pareja.
Muchas veces, a pesar de tener ambos, aspectos sanos en su personalidad, y relacionarse adecuadamente con el mundo, en la pareja se han ido enfermando, se vinculan desde lo patológico, desde el lado oscuro, desde la ira, el enojo, el odio, que viene disfrazado en eternas discusiones que son estériles. No llevan a ningún lado.
Discusiones repetitivas donde uno siente que el otro quiere borrar su identidad.
O donde se trata de imponer cada uno su razón.
Cuando la dominación de uno sobre otro predomina, y esto se mantiene en el tiempo, el “entre dos”, se va deteriorando hasta volverse insostenible, y se gesta lo que llamo “adulticidio”( es el suicidio de lo adulto, dando lugar a lo primitivo de cada uno)
El poder de uno sobre otro es un común denominador, y los soportes de la pareja, que tienen que ver con los proyectos compartidos, la intimidad, los sentimientos positivos, como el cariño, la ternura, el cuidado, se va empobreciendo y/o desapareciendo.
El darse cuenta que se está en una relación tóxica, es una luz roja. El ver qué se puede hacer con esto, es hacerse cargo y pasar a una luz amarilla.
El romper estos funcionamientos, que son realmente violentos, más allá que no haya maltrato físico, no siempre es posible.
A veces, está tan viciada la relación, que el correrse de estos lugares, implica un trabajo interno profundo, el cual en tiempos de “todo ya”, se vuelve imposible.
Los límites tan difusos en estas relaciones, llevan a creer que el otro, “siempre va a estar ahí”. . .
A veces, el aire entre los dos, gestiona una forma saludable de relacionarse…
A veces, el aire es darse permiso para pensar lo de cada uno…
Y elegir, y/o elegirse…
*Especialista en Vínculos