lunes 3 de octubre, 2022
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Leishmaniasis visceral: los signos de alerta de una zoonosis que sigue generando casos en canes en Salto

La leishmaniasis comprende un grupo de enfermedades zoonóticas causadas por protozoarios del género Leishmania y transmitidas mediante flebótomos. Se describen tres formas clínicas básicas: formas cutáneas, cutáneo-mucosas y viscerales, siendo esta última, la presentación más grave por su alta letalidad cuando no se realiza tratamiento específico y es la que está presente en Uruguay. El agente etiológico de la leishmaniasis es un protozoario dimórfico del género Leishmania, que pertenece al orden Kinetoplastida y a la familia Trypanosomatida. Leishmania infantum es originaria del viejo mundo y su llegada a nuestro continente se relaciona con la época de la conquista española (y al tránsito de perros domésticos). En América esta especie se adaptó al flebótomo autóctono Lutzomyia longipalpis y se configuró un ciclo de transmisión con características propias, con una presencia continua todo el año y una mayor virulencia, tanto en perros como en humanos.
CICLO BIOLÓGICO
El ciclo biológico se inicia cuando una hembra de flebótomo parasitada obtiene sangre de un huésped vertebrado. Los promastigotes con capacidad infectiva (promastigotes metacíclicos) penetran en la piel del hospedero a través de la probóscide del insecto. Posteriormente los promastigotes son fagocitados por los macrófagos y en el interior de los mismos se transforman en amastigotes que se reproducen por fisión binaria. Cuando se alcanza un límite de protozoos intramacrofágicos, la célula estalla y los amastigotes liberados colonizan células adyacentes. Dependiendo de la especie de Leishmania y de las características inmunológicas del hospedero, la infección puede quedar limitada a la piel, o extenderse por vía linfática local, acceder a las mucosas o diseminarse a órganos con elevado contenido en macrófagos como son el bazo, hígado y médula ósea. El ciclo se cierra cuando un nuevo flebótomo ingiere sangre con macrófagos infectados.
SÍNTOMAS
La leishmaniasis visceral tiene generalmente un curso clínico inicial asintomático, ya que las personas desarrollan una respuesta inmune efectiva. El riesgo de evolucionar a enfermedad sintomática es mayor en pacientes con desnutrición, coinfección con VIH, y en los niños menores de 1 año, lactantes o inmunocomprometidos. En más del 90% de los casos ocurre en menores de 10 años, pudiendo aparecer de manera súbita o con carácter insidioso y prolongado. Se reconocen varias formas clínicas; asintomática, donde es solo a través de una prueba serológica o de biología molecular como único indicador positivo de infección. Forma oligosintomática, descrita en áreas endémicas, con sintomatología inespecífica. Puede presentarse como síndrome febril prolongado, con fiebre de alto grado que puede ser intermitente o en picos. Otros síntomas descritos son debilidad, astenia, adinamia, anorexia y adelgazamiento.
PREVENCIÓN DE LA LEISHMANIASIS
Principalmente actuaremos frente a los perros seropositivos mediante tratamiento de los mismos hasta alcanzar la curación clínica. No obstante, la curación parasitológica rara vez se consigue, por lo que los perros recaen al cabo de unos meses. Sin embargo, con el tratamiento se consigue que no resulten infectivos para los flebotomos en los meses posteriores, por lo que se ha sugerido administrar un segundo tratamiento completo antes del verano, durante el cual aparecen los vectores. Frente a estos últimos sólo cabe el uso de insecticidas del tipo de los piretroides en las casetas de los perros y en criaderos potenciales de flebótomos. (En base a investigación del Hospital Maciel)