lunes 4 de marzo, 2024
  • 8 am

Esa maldita decepción

Pablo Vela
Por

Pablo Vela

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Dr. Pablo D. Vela Gadea
El camino transitado hasta el momento, escuchando de primera mano y analizando junto a los vecinos de distintos puntos de la ciudad los problemas diarios, también nos han dejado la triste conclusión de que la confianza de la gente en general en el sistema político está por el piso.
No se salva nadie, peor aún a nivel local. Los líderes políticos de los principales partidos políticos han generado muchas cosas pero la que más nos recalcan es la decepción generada.
Hemos de decir, en honor a la verdad, que en algunos casos podemos llegar a disentir al menos en cuanto a las responsabilidades en determinados errores, horrores o abusos cometidos pero lo claro y contundente es que el salteño decepcionado tiene razón.
Son muchos los salteños que han tenido (y hoy en día tienen) la chance de hacernos vivir en una ciudad limpia, ordenada, iluminada, que acompase los avances en determinadas áreas como el turismo, la cultura, la recreación, etc., pero todos han venido fracasando; desperdician la oportunidad de quedar en la historia del departamento por cosas buenas, alguno quedarán por cosas “malas”.
Al menos fracasando en lo que hace al bien general, seguramente encontremos algunas personas que no compartan esta conclusión: amigos, “junta votos”, familiares y ascendidos seguramente entiendan a la gestión como un éxito, lo comprendo pero no lo comparto.
El bienestar general debería ser premisa absoluta: estar presente en la ciudad todos los días (salvo licencias reglamentarias o actividades justificadas claro está), planificar permanentemente el crecimiento de la ciudad, ser los primeros en buscar soluciones de fondo pero también las de corto plazo ante situaciones graves o extremas.
Salto no avanza en infraestructura (calles, iluminación, orden vehicular, transporte público, etc.) pero además no somos ya la ciudad del turismo que era vanguardista hasta hace 15, 20 años, solo con decir que Terma de Daymán no permanece abierta los siete días de la semana habla a las claras del problema de gestión; a nivel cultural, por otro lado, solo basta decir que los museos han permanecido más cerrados que abiertos en éstos últimos 10 años , que no se ha generado una actividad que mueva y haga llegar a Salto verdaderos líderes “culturales” (lo poco que llega solo se genera por el esfuerzo particular), no se exhibe arte de ningún tipo (de nuevo, lo que se ve es a costo y esfuerzo único de particulares).
Salto sigue aumentando el número de asentamientos, las soluciones que se le brinda a la gente son un “metete que no te sacan” y allí va, la persona desesperada por un lugar para juntar cuatro palos y algunas chapas, sin servicios mínimos, sin planificación, nuevamente la falta de planificación y también, cuando se tiene la oportunidad de progresa, falta de ejecución.
Esa maldita decepción nos ha generado un duro camino, que se entiende por lo que está viviendo el salteño desde hace años, camino que se limpia y que nos permite avanzar con solo referirnos a Gustavo Zubía, al político que la gente hoy considera más “humano” que político de todos nuestros políticos.
Al que va de frente, argumenta y propone soluciones, al que ha anunciado muchos de los desastres que lamentablemente luego ocurrieron (sobre todo a nivel de Seguridad) pero poco se lo ha escuchado, incluso dentro del propio Partido Colorado.
La cosa se termina de aclarar cuando le sumamos a la gente el siguiente dato: a nivel departamental vamos por renovar a la clase política abusadora, impune, incapaz y soberbia que hoy existe, por eso vamos con Marcelo Malaquina a la cabeza.
Podemos seguir caminando por todo el departamento seguros de no recibir un mal trato o una mala cara, al menos luego de explicar en que andamos (Zubía/Malaquina). Sabemos que no todos pueden hacerlo, eso de caminar por todos lados pero como dicen algunos: “cosecharás tu siembra”.