viernes 4 de abril, 2025
  • 8 am

El valor de la empatía

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

124 opiniones
Avisos judiaciales

Por Gerardo Ponce De León
No quiero que se tome este escrito como que me quiero meter en política, sino que quiero dar una opinión, que puede estar equivocada o acertada. Dice un viejo refrán “nada es verdad o mentira, todo depende del cristal con que se mira”. Y en esta oportunidad, cabe muy bien la aplicación del mismo ya que depende del lado que nos encontremos para estar de acuerdo o no, con la política que se aplicó, en el país, frente a la pandemia que nos ha tocado vivir.
No creo que corresponde felicitar al gobierno solamente, sino que cabe también, darle la derecha a tanta gente que dio de sí, todo lo que estaba a su alcance. Me refiero a la gente de la salud, a los tamberos, horticultores, camioneros, los medios de comunicación, y si de alguno me olvido, favor tomarlo como un olvido y ninguna otra cosa.
Muchos han sufrido, ya sea por perdida de algún familiar, de trabajo, de tener que buscar con ingenio el sustento diario para su familia, y también quienes esperaron la ayuda del gobierno o de quienes se supieron colocar en el lugar de quienes sufrían el hambre. Acá cabe destacar a todas las instituciones que colaboraron, con lo que se produce en su rubro, para ayudar a tener un plato de comida. Por más que se diga que son mandados, al ejército y a los no mandados, que todos los días prepararon el plato caliente para quienes no tenían nada para “poner en la mesa” de su familia.
Es algo muy difícil de palpar o vivir, cuando uno no tiene esa necesidad, ya que gracias a Dios, está solucionado el problema, dada las condiciones económicas, que permite tener el sustento diario. Pero muchas veces hay que cruzar la línea y ponerse del otro lado, y pensar lo que se vive frente a la necesidad. Cabe preguntarnos: ¿Alguna vez, sentí hambre? Cuando un hijo llora porque le duele la panza de hambre ¿pensé que puede ser un hijo mío?
No puedo dejar de pensar, en todas las cosas que esta pandemia ha traído, buenas y malas. Pensar en gente que uno conoció, antes de todo esto, que tenían ya o que, para que se me entienda mejor, vivían hambre; que esperaban ese día, que la comunidad les brindaba, para que, por un día o más, pudiesen dormir con algo en el estómago. Gente que confiaba en uno, por saber y ver un obrar transparente, y nos daban lo que podían. Pero lo mejor es que la gran mayoría de las veces, salía de ellos, sin pedir nada, nosotros fuimos los instrumentos de su caridad.
Al pensar en esto, uno siente la necesidad o las ganas de volver a realizar esas obras, pero era un equipo y que hoy día se ha desmantelado, es muy capaz que alguno de estos jugadores, no estén más entre nosotros o por distintos motivos, se han visto obligados a “colgar los botines”. Y cabe preguntarse: ¿seré capaz de lograr solo algo, ya que no está el equipo de antes? Y al pensar en esto, me duelen los abrazos y las demostraciones de cariño que se reciben cuando nos encontramos; cuando me preguntan por “tal”, que era la persona que dirigía el cuadro.
Hoy la pandemia, me trae esos recuerdos; las alegrías vividas; los acompañamientos en los dolores; en poder prestar una oreja y ser útil, solamente por escuchar.
La verdad que no queda, y creo que sea el sentir, de todos aquellos que formamos ese grupo de personas, el poder agradecerle a Dios, todo lo que nos ha dado y nos ha permitido hacer, bien o mal, pero todos fue empujado desde el corazón.