sábado 1 de octubre, 2022
  • 8 am

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Gisela Caram
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Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram*
A veces nos sorprendemos tanto de los cambios en nuevas generaciones, y les buscamos respuesta y como que podemos hacer generalizaciones, pero cada persona si se sienta a pensar, no le puede dar mucho sentido, porque cada persona tiene su singularidad.
La gente hoy exhibe y describe su vida en redes, a la espera del “like”. Esta necesidad de tener “me gusta” y seguidores, se observa cada vez más.
Creo que es una tendencia que se ve no necesariamente en los más jóvenes, sino en adultos también que viven pendientes de subir cosas y disfrutar con la “mirada admirada” de los otros.
Nuestra sociedad ha ido potenciando esto, en los últimos veinte años, lo que se vio in crescendo en los últimos dos años.
La pandemia hizo que cada uno se refugiara más en las pantallas, que el otro real, sea un peligro (de contagio), y el otro virtual tuviera esta gran relevancia que notamos hoy.
Sin duda en estos dos últimos años, las subas y bajas de las etapas de contagios, las cuarentenas que debíamos transitar, por algún contacto positivo, o porque nos tocó el Covid, fue llevando a los aislamientos y las soledades, y fuéramos todos descubriendo ventanas y más ventanas en los celulares.
Lo he dicho en otra oportunidad, nunca me imaginé mirando una serie, como tampoco descubriendo los miles de videos que sube la gente contando qué hace en su vida intramuros.
También observamos que hay personalidades que viven pura y exclusivamente de exponer su vida “maravillosa y feliz”, aunque no lo sea tanto.
Creo que ha ido aumentando la tendencia al individualismo y al hacer público lo privado.
Mucha imagen y poca consistencia. Poca profundidad.
Se ha ido naturalizando este individualismo, este sí mismo.
Esta sobrevaloración de la imagen…
Está como alterada la regulación de la autoestima.
Generalmente aparecería como una sobrevaloración del sí mismo.
Uno no termina entendiendo si son así realmente, si es cómo les gustaría ser o si están poniendo cosas que admiraron de otros.
Cada vez más se aproximan a personalidades narcisistas.
Si fuera así, cerraría más por qué también se muestran muchas veces, como con ese sentir cierta superioridad frente a los demás, o creer que lo que exponen es único u original, aunque en el fondo es una mezcla de cosas que vieron o admiraron de otros, y que no lo admiten…
Este sentido de superioridad, es solo para el exterior, en el fondo, saben, que es todo superficial, pero se alimentan de quienes le creen que es tan admirable.
Cuando alguien no les sigue o admira, o no los alaba, lo suspenden, desprecian, descalifican y lo ignoran con silencio.
¿Qué pasa en las relaciones de pareja cuando uno de los dos, tiene estas características de personalidad?
Es tanto el esfuerzo que uno de los dos, hace por mantener esto, que se va debilitando.
Va perdiendo su identidad.
El otro, tiene que alimentar ese pseudo poder, exprimiéndose para complacer a su pareja, a cualquier costo.
Esta falta de reciprocidad, ahoga, absorbe, y toma toda la energía psíquica para sustentarse.
Cuando ya no da más quien se siente víctima de este vínculo, y logra salirse, o este personaje lo descarta, no pasará mucho tiempo, que volverá a buscarlo.
Una de las características de estas personalidades es que congelan por un tiempo, no se desenganchan y cuando el otro se va recuperando, vuelven a intentar atraparlo
Les molesta que otro sepa más, tenga más seguidores, etc.
¿Es posible que una persona con estas características cambie?
Muy difícil.
Si llegan a aparecer en un consultorio es solo para hacerle creer a su pareja que buscan un cambio.
Y quienes llegan por sí mismos, la suavización de síntomas, llevan mucho tiempo…
Puede que se pueda suavizar algo, pero la roca dura, la estructura, permanecerá.
Así que quien elija un partenaire con estas características, tiene que aceptarlo tal cual es, y buscar un terapeuta para no perder su eje, racionalidad, su cordura, su identidad…y no desestabilizarse.
*Especialista en Vínculos