miércoles 5 de octubre, 2022
  • 8 am

Cuando el poder les queda grande

El daño en la Liga Salteña de Fútbol ya está hecho. Muchos estaban en conocimiento de la desprolijidad con que se manejó el cuerpo de neutrales que encabezó Juan Guarino, pero no en la magnitud que lo planteó el informe del contador Gabriel Silva el pasado lunes en el Consejo Superior. Para aquellos que quieren a sus instituciones y las protegen de las dificultades económicas con las que deben convivir para subsistir día a día, escuchar aquello fue devastador.
No solo manejaron los dineros del fútbol con soltura para provecho propio, creyendo que no habría consecuencias, sino que además no tuvieron un mínimo de respeto por la casa del fútbol. No hay que caerle a los demás dirigentes porque nadie pudo imaginar que se iban a tomar el trabajo como una diversión, literalmente.
Boletas de whisky, cigarrillos, preservativos, etc, hablan por sí solas. Más allá de que se estaría manejando un déficit de 4 millones de pesos, con lo cual varios dirigentes plantean llevar una denuncia a la Justicia, para los clubes la imagen que ha quedado es nefasta. Incluso para aquellos más veteranos, que vivieron otra época y distintos valores a los que se perciben hoy, la realidad de la que se acaban de enterar no pasaba ni por su imaginación.
Solicitarán explicaciones a los responsables, pero qué esperan escuchar. Faltan documentos por todos lados, los que hay tienen fallas. La falta de transparencia exime de cualquier otra opinión. La desprolijidad es enorme.
Nos hemos acostumbrado a ver dirigentes políticos esperando ingresar a gobiernos para sacar su tajada, para utilizar nuestro dinero para “acomodarse”, para grandes cenas, viajes, bebidas, lujos, dejar enormes deudas a las administraciones siguientes.
Pero en el fútbol no lo habíamos previsto. El daño ya está hecho, pero de ahora en adelante habrá que analizar minuciosamente a quiénes se les otorgan sitios de poder, donde se deben administran fondos de todos con el máximo de cuidado y respeto.
Freddy Aguirrezábal