Jueves 28 de mayo, 2020
  • 8 am

La volatilidad financiera llegó para quedarse

Dr. César Signorelli
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Dr. César Signorelli

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Ec. Joaquin Forrisi
para el Estudio Signorelli & Altamiranda
Luego de la crisis de 1929 la ciencia económica aprendió algunas lecciones sobre la gestión de las crisis, una de ellas, tal vez la más importante, es lo vital de que las cadenas de pagos siga fluyendo y que es el Estado quién debe promover políticas activas en este sentido.
Con la pandemia del Covid19, los principales analistas financieros vaticinaron caídas de la actividad del 20% en el tercer trimestre en Estados Unidos y del 15% en Eurozona. Frente a este desplome de las expectativas, las principales economías comunicaron un conjunto de medidas que apuntan en el sentido de dar dinamismo a la actividad mediante la reactivación de el consumo, otorgar oxígeno financiero a las pymes y asegurar el bienestar mínimo de los estratos más débiles de la sociedad. fiscal y monetaria netamente expansiva.
Las medidas tiene por objeto palear una una situación de crisis y pueden tener mayor o menor impacto en el corto y mediano plazo en las economías reales. Pero hay algo sobre lo que existe certeza, la volatilidad de los mercados financieros ha llegado para quedarse.
Ahora bien, ¿en qué impacta esto en Uruguay? La volatilidad trae consigo 2 aspectos poco deseables: capital suele resguardarse en activos de bajo riesgo, Uruguay no es uno, y los capitales golondrina incrementan su protagonismo, lo que se genera aún más volatilidad.
En países con un dolarización baja este es un problema financiero con coletazos en la economía real. Sin embargo, Uruguay es una economía bi-monetaria con muchas transacciones en moneda extranjera y, a su vez, con una dinámica implícita en la formación de precios en donde el tipo de cambio pizarra del día tiene un rol central.
Es baja la conciencia de los efectos nocivos del descalce de moneda. Descalse en moneda es: tener ingresos es una moneda y egresos en otra, por lo que se está a merced de lo que ocurra con la cotización del tipo cambio sin ningún resguardo a las volatilidades del mismo.
Hagamos el ejemplo de un importador. Este compró mercadería en enero y espera que la misma llegue a el país en abril. Este importador pactó, cómo es habitual, que el pago de la misma se haga contra la entrega en el puerto en Uruguay. En enero, con un tipo de cambio a $ 40, el importador podía esperar un margen del 30% sobre el costo, pues espera vender sus productos a $ 52. Sin embargo, con el nuevo escenario del tipo de cambio, cotizando próximo a $ 45, sin poder trasladar el incremento a el precio de venta, , la utilidad se ve disminuida a la mitad, el 15%.
En este sentido, es importante que las empresas que están expuestas de alguna manera a la variación del tipo de cambio, cuenten con productos financieros que le den previsibilidad a sus negocio y el dólar futuro es uno de ellos. El futuro es un instrumento en donde se pacta el precio y cantidad de un activo con una fecha determinada. En enero, por ejemplo, el dólar futuro cotizaba próximo a $ 40,5, por lo que, si el importador hubiera adquirido un futuro de dólares por la totalidad o parte del monto, hubiera disminuido sensiblemente el riesgo de su negocio.
Los instrumentos derivados, cómo el dólar futuro, pueden ser utilizados para la cobertura de operaciones en la economía real, logran disminuir la especulación y permiten a las empresas enfocarse en su negocio.
La estrategia de cobertura de los riesgos de precios y moneda, que den tranquilidad a los negocios de la volatilidad internacional, dependen de cada realidad empresarial. Por ello, es indispensable efectuar un exhaustivo análisis con la participación activa de un profesional.