Domingo 5 de diciembre, 2021
  • 8 am

El Larrañaga que conocí (II)

Gustavo Varela
Por

Gustavo Varela

119 opiniones

Por Gustavo Varela
Así como las hijas del Rey de Roma, se encargaban de mantener encendido el fuego en el Templo de Vesta, pues creían que si se extinguía, arreciaría la desgracia sobre el pueblo, el Larrañaga que intenté describir en la columna anterior, fue el que custodió y mantuvo durante muchos años difíciles, el fuego sagrado del Partido Nacional.
Años donde los partidos políticos tradicionales tenían su credibilidad con acciones a la baja, y donde Larrañaga, con su claro proceder, pudo mantener esa llama encendida.
Pero faltaba la otra faceta, que era mostrar en la cancha grande de la política nacional, que alguien del Interior, que no hay que tener miedo de decirlo, bastante rechazado por los votantes capitalinos, estuviera a la altura de las circunstancias, cuando fuere llamado a ejercer la gestión gubernamental.
Jorge sabía que la parada era bravísima, pero era de las que le gustaba, y así, interpretando el clamor popular sobre la gran inseguridad existente en el Uruguay, avanzó con la campaña “Vivir sin Miedo”, recorriendo nuevamente el País, que lo termina catapultando al Ministerio del Interior, del gobierno de coalición actual.
Desde marzo del 2020 a mayo de 2021, Larrañaga transformó lo que parecía la “tumba de los crack”, en un Ministerio activo, transformador, de mano firme pero justa, que representaba los más caros principios del Uruguay en materia policial, tal como luce en el escudo, “Libertad en el orden”.
Desde el primer día, los índices fueron cayendo uno a uno, a pesar de los pujos que desde sectores radicales aparecieron, intentando mostrarlo como un represor, pero él sabía muy bien cuál era la labor encomendada.
Una Policía respaldada por la ley y las autoridades, es una Policía respetada y apoyada por la sociedad.
Tan es así, que las muestras de reconocimiento, que desde el gremio policial se le brindaron, llenaron de gran emoción a todo el Uruguay.
Cuando todo indicaba, que íbamos a tener candidato Wilsonista para las elecciones próximas, la noticia inesperada.
Fue tan rápido lo que corrió a la vida, que muy pronto lo alcanzó la muerte.
Cuando todo marcha bien, la tragedia siempre toca a la puerta de nuestra colectividad.
Es una constante, que se repite permanentemente en la historia.
Hoy, el Wilsonismo se siente lleno de banderas, pero sin un abanderado.
Pero tampoco hay que confundirse.
El lugar donde se puede desarrollar el Wilsonismo, se llama exclusivamente Partido Nacional.