miércoles 5 de octubre, 2022
  • 8 am

Los ejes de carreta

César Suárez
Por

César Suárez

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Por Dr. César Suárez
El aburrimiento es definido por el diccionario de la Real Academia Española como cansancio, fastidio, tedio, originados generalmente por disgustos o molestias, o por no contar con algo que distraiga y divierta.
El no tener nada que hacer y nada en que pensar genera un vacío en el alma muy difícil de llenar y es por esa razón que cada uno busca afanosamente algo en que entretenerse para poder soportar el trascurso del tiempo porque el tiempo ocioso genera una angustia que afecta sobre todo a aquellos que se quedan sin objetivo y la mente se desacomoda, al punto, que no se puede soportar el momento presente.
Es curioso, que hoy en día, que existen tantos recursos para distraerse, el estrés se apodere de tantas personas y las haga sufrir de esa manera y tantas personas tengan que recurrir a drogas tanto legales como de las otras para poder soportar los avatares de los días, semanas, meses y años que les toca vivir.
Analizando la situación actual que la gente cuenta con un sinnúmero de entretenimientos (televisión, cine, plataformas de películas, redes sociales, telefonía celular) que permiten una comunicación instantánea, no puedo dejar de pensar en la gente de antes que se las tenía que arreglar sin nada que lo entretuviera y que tampoco contaban con psicoterapia ni psiquiatría y menos con ansiolíticos, antidepresivos o estabilizadores del humor, claro, en esa época no había tantas cosas en que pensar.
Gente aburrida, con razón o sin razón, hubo siempre y hasta la poesía se ha ocupado de ella. Seguramente alguna vez lo habrán escuchado a don Atahualpa Yupanqui quien musicalizó e hizo famosa la milonga “El Carrero”, escrita por el literato, narrador y poeta Uruguayo Romildo Risso Sánchez, que naciera el veinte de octubre de mil ochocientos ochenta y dos en Montevideo y falleciera el veintinueve de marzo de mil novecientos cuarenta y seis y quien expresó de la siguiente manera el aburrimiento del carrero.
“Porque no engraso los ejes me llaman abandonao, si a mí me gusta que suenen pa’ que los quiero engrasaos.
Es demasiado aburrido seguir y seguir la huella, andar y andar los caminos sin nadie que lo entretenga.
No necesito silencio ya no tengo en quien pensar, tenía pero hace tiempo ahora ya no tengo na’, tenía pero hace tiempo, ahora ya no tengo na’.
Los ejes de mi carreta nunca los voy a engrasar….
Era tedioso el camino y lento el transitar, cada minuto calcado al minuto anterior, cada día exacto al que estaba por venir y para peor, sin esperanza ni objetivo porque ya no tiene en quien pensar.
Los tiempos han cambiado y los chillidos de los ejes se han diversificado pero la angustia existencial se mantiene y a medida que pase el tiempo se multiplica y creo que habría que re escribir esos versos para adaptarlo a los tiempos que corren donde la tecnología le ha puesto sal al entretenimiento, pero el alma sigue tan desamparada como siempre y ahora tendrían que decir:
“Porque no apago la tele y desactivo el auricular, si a mí me gusta que suenen, pa quiero apagar.
Es demasiado aburrido si no tengo un celular, no recibir ningún mensaje y no tener a quien llamar.
No necesito silencio, tampoco quiero pensar, pensaba, pero hace tiempo, ahora no pienso más.
Mi teléfono y la tele, jamás los voy a apagar.
Sin dudas, la angustia existencial nos acompaña por más chirimbolos que se inventen, sólo el amor, la solidaridad, la amistad, la justicia y la equidad, el mantener viva una esperanza, el perseguir un objetivo nos podrá mantener viva la alegría de vivir sin chirimbolos que nos distraigan.
Pero no hay caso, por más que se diversifica la tecnología cuando no se tiene un horizonte claro, más se acentúa la angustia existencial.