Salto, Lunes 23 de Octubre de 2017

Tiempo loco

Columnistas | 13 Ago. Dr. César Suárez.
Días pasados, mirando por televisión el campeonato mundial de atletismo, estuve atento un buen rato al inicio de la competencia de cien metros llanos, un acontecimiento que simplemente sería intrascendente para un observador desapasionado que apenas vería una horda de locos corriendo en forma desaforada, echando bofes por nada, pero sin embargo, en la cabeza colectiva apasionada con la “película” armada, pudo mantener en ascuas a cientos de millones de personas en todo el mundo, un lapso de tiempo intrascendente en la mayoría de las circunstancias pero que en ese preciso instante marcaría un antes y un después que se traduciría en ríos de tinta, en millones de comentarios en imágenes reiteradas casi en forma infinita, todas disparadas desde esos mágicos diez segundos.
Cada tramo de tiempo medido en un reloj es exactamente igual en cualquier parte del mundo, sin embargo, lo que cambia es la percepción de acuerdo al ángulo de donde se mire y la enorme mayoría de los casos, diez segundos pasan casi sin darnos cuenta algo así como ocho mil seiscientas veces en un día, sin embargo, en esta circunstancia, esos diez segundos terminan por mover al mundo.
Cualquier ser humano está acostumbrado a que toda cosa en algún momento empieza y en otro termina y entre el principio y el fin hay un periodo de tiempo medible y que cada uno lo percibe de diferente manera de acuerdo a como lo ha vivido
Pero el transcurso del tiempo es un acontecimiento casi intrascendente cuando no tiene testigos, la historia de universo ha transcurrido desde tiempos infinitos y si no es así, cada uno se pregunta, ¿qué había antes de comenzar? Seguramente, antes de comenzar tuvo que haber otro tiempo anterior y esa dimensión temporal no es posible comprender por la mente humana dado que nadie puede concebir que algo haya comenzado desde la nada porque nuestra racionalidad nos lleva a pensar que antes del inicio de cualquier cosa, tuvo que haber algo y ese antes se pierde siempre pensando en algo anterior y la pregunta final es ¿dónde está el principio y antes del principio que había?
En última instancia, el tiempo tiene un valor que le asigna cada uno cuando lo puede evaluar y cuando no, es caso como si no existiera.
Hay momentos especiales para cada ser humano donde cada segundo cuenta y otro en los que millones de siglos no cuentan nada. Antes de uno nacer, transcurrió una cantidad infinita de tiempo que nos pasó totalmente desapercibido dado que no pudimos ser testigos, sin embargo, si bien esa cantidad infinita de millones de años no significaron nada a título personal, ahora que estamos vivos y mientras lo estemos y podamos ser testigos, en ocasiones, escasos segundo adquieren más trascendencia a título subjetivo que millones de milenios que no nos tuvieron como testigos.
El tiempo en nuestra mente se estira y se acorta, se vive intensamente o se pasa sin darse cuenta o nos agita o enloquece cuando llegar se hace imposible o se tranca en forma infame cuando se aguarda ansioso un momento esperado que parece que nunca llega.
Y si no me cree, vea como se aceleran los minutos al final de un partido de fútbol que vamos perdiendo y el tan esperado gol no llega y como se tranca el reloj cuando nuestro cuadro va ganando apenas por un gol y el momento del pitazo final no llega.
El fatídico reloj maneja nuestra vida personal a toda hora desde que suena el molesto despertador o nos hace correr con solo mirarlo cuando se nos viene encima la hora de llegar o se aproxima la hora de partir.
El infalible tiempo nos arrastra y al mirar hacia atrás la memoria nos rescata para asegurarnos que hemos vivido y que ese tiempo que ha transcurrido por lo menos no ha pasado en vano.

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