Jueves 26 de noviembre, 2020
  • 8 am

Quisiera saber escribir

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Por el Padre Matín Ponce De León
Quisiera saber escribir para poder encontrar esas palabras que crecen en mi interior.
Quizás para muchos este tiempo, desde marzo hasta hoy, está unido a la pandemia mundial que nos está afectando y está muy bien que así lo hagan.
Para mí este tiempo está unido a las manifestaciones de generosa solidaridad.
Uno sabe que detrás de cada manifestación de solidaridad hay un rostro o un conjunto de rostros pero resulta casi imposible pretender hacerlos presentes en unas líneas.
En oportunidades son empresas, familias o particulares los que a lo largo de este tiempo han hecho saber que la solidaridad es una realidad.
Pienso, mientras escribo estas líneas, en muchos momentos donde la sorpresa me hizo esbozar una sonrisa y no dudo en que han sido muchos los momentos.
Por ello es que quisiera poder traducir esa sonrisa a esas palabras que, en este momento, no aparecen en mí.
Si fuesen, únicamente, a realidades de la ciudad debería recorrer algunos lugares para hacerles llegar nuestra más sincera gratitud.
Pero son realidades de Salto, de Montevideo, de Río Negro y de Soriano a quienes debería llegar con mi profundo reconocimiento y ello me resulta un imposible.
Mientras todos los medios hablaban de cierres y momentos difíciles, uno descubría se había abierto una increíble solidaridad que nos permitía brindar una mano con absoluta tranquilidad.
Es que la solidaridad generosa se hacía presente casi constantemente.
Día a día había un goteo de solidaridad muy difícil de pensar y, mucho menos, de no despertar asombro.
En oportunidades uno tenía oportunidad de escuchar a algunas personas hablando, en nombre de alguna institución, de lo que estaba recibiendo y no podía hacer otra cosa que callar puesto que lo que uno vivía era mucho más de lo que se estaba escuchando.
No puedo ni debo ni pretendo vanagloriarme de todo lo recibido pero, sin duda, ha sido muchísimo y lo mismo no lo puedo negar ni dejar de reconocerlo.
Sé que escribo en primera persona pero esa gratitud es, también, de cada uno de quienes formamos parte de esta actividad que, con generosa solidaridad, venimos llevando desde hace diez años.
Debo reconocer que, muchas veces, no he manifestado de dónde provienen las donaciones recibidas puesto que ello no hace al quid de la tarea pero, ellos lo saben, sería un imposible para la parroquia brindar todo lo que se les puede brindar vez a vez.
Alguno de ellos se anima a preguntar por el origen de lo que se les brinda y ante la respuesta sonríen y callan.
Hace poco uno de ellos me preguntó por qué se recibían tantas donaciones que los beneficiaban a ellos y no pude menos que decirle no tenía una respuesta pero, sin duda, era una expresión de que había mucha gente solidaria y generosa.
He utilizado muchas palabras en este artículo pero, me parece, ninguna se acerca a lo que, verdaderamente, quisiera saber hacer.
A todos, a cada uno, hacerle llegar mi gratitud y reconocimiento por su solidaria generosidad.
Rezo por cada uno de ellos para que ese Jesús que nos puso en esta tarea les regale LO MEJOR para sus vidas y sus actividades.
Que Jesús les regale fuerza para nunca bajar los brazos y continuar sabiéndose útiles para alguien.
Que Jesús les regale la capacidad de recordar que siempre se puede dar una mano sin esperar a cambio.
Que Jesús les continúe dando la oportunidad de ver más allá de ellos mismos.
Que Jesús les otorgue la sensibilidad necesaria para continuar sabiendo que siempre hay un alguien que necesita ser ayudado.
Que Jesús les brinde la alegría de poder saberse, diariamente, útiles para alguien aunque no conozcan siquiera su rostro.
Quisiera saber escribir para encontrar esa palabra que diga lo que siento y va mucho más allá de UN MILLÓN DE GRACIAS.