miércoles 28 de septiembre, 2022
  • 8 am

La presunta estafa del telar de la abundancia

Estudio Signorelli & Altamiranda
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Estudio Signorelli & Altamiranda

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Por el Dr. Gastón Signorelli Para el Estudio Signorelli&Altamirand
El telar de la abundancia (recibe otros nombres) se trata de un juego en el que se forma un grupo inicial relativamente pequeño y cada integrante, presuntamente, hace un aporte de dinero. Cada integrante nuevo ingresa con una suma de dinero y debe conseguir más personas que hagan su aporte y de esa forma obtendría una ganancia. De esa forma recupera su dinero y se queda con una parte de lo que aporta cada nuevo integrante que incluye.
En esa lógica del juego se van sumando más y más participantes cuyo objetivo es el de obtener ganancias, lo que solo es posible si incluye nuevos integrantes. Y así se van agregando personas que, reiteramos, guiados por un objetivo económico que -les consta perfectamente- se obtiene de lograr hacer ingresar a nuevos participantes.
Se dice que el juego (si lo fuere) fue inventado por un inmigrante italiano en EUA llamado Carlo Ponzi hace un Siglo y el Whatsapp ofició de excelente recuso para facilitar su desarrollo. Ponzi terminó preso, pero no se puede obviar en ese momento hubo una fuerte presión del sector financiero, que veía como ese dinero dejaba de circular por el sistema y que esta persona fue más lejos en su afán de sumar integrantes.
Razonando apenas un poco es fácil advertir que el juego solo resulta beneficioso para los que logran incluir a más participantes y, al ser ese número finito, se termina y es imposible que los últimos en ingresar obtengan el retorno de su dinero, ni mucho menos una ganancia.
En la Argentina hace ya muchos años el tema tuvo amplia difusión y llegado a la Justicia no tuvo consecuencias de ninguna naturaleza, como tampoco la tuvo en nuestro país allá por el año 2016.
Y esto obedece a una poderosa razón. El delito que en su caso se podría estar cometiendo incluye a quiénes inician el juego, como así también a quién lo siguen, pues como venimos de ver, son estos últimos quiénes suman a los nuevos. Podría decirse -en todo caso- que son víctimas, pero también victimarios.
De modo que si se entendiere que es una conducta delictiva, quiénes se consideraren víctimas habrían cometido el mismo delito en perjuicio de aquellos que incluyeron o pretendieron incluir, en este caso en grado de tentativa.
Ahora bien, la figura que se ha invocado es la estafa, que encuentra regulación en el artículo 347 del Código Penal en los siguientes términos «el que con estratagemas o engaños artificiosos indujere en error a alguna persona, para procurarse a sí mismo o a un tercero, un provecho injusto, en daño de otro”.
Obviamente puede haber otra interpretación, pero no percibimos ni las estratagemas ni el engaño, dado que el participante conoce perfectamente las reglas desde el inicio y en general participan personas que no pueden aducir que no tienen capacidad de medir los riesgos (incluso abogados). De modo que en su caso deciden -con plena capacidad para hacerlo- participar del juego y, por ende, de los riesgos que el mismo implica. Es obvio que no es posible que todos los participantes ganen 8 veces más de lo que ponen, dado que el dinero que se reúne es el aporte de cada uno de ellos.
Las personas son conscientes de la lógica del juego y del riesgo, pero igual deciden participar. Muchos de estos profesionales, empresarios, periodistas y demás, los que difícilmente puedan aducir ignorancia. De hecho recibimos algunas consultas de personas a las que advertimos de la lógica del juego (no pueden ganar todos) y, no obstante, participaron.
Y si los que se consideran damnificados a cambio de no avanzar con la denuncia estuvieren exigiendo dinero a los denunciados, existe el riego de terminar denunciados por extorsión.
Pero esta es solo nuestra opinión.