Salto, Martes 30 de Mayo de 2017

La otra parte de los campamentos

Columnistas | 19 Abr. Dr. Álvaro Lima.
Agrupación Humanista Armando Aguirre.
Lista 888, Frente Amplio de Salto
Quienes nos conocen y saben nuestro accionar conocen a la perfección nuestra fuerte apuesta por los campamentos voluntarios juveniles que hemos desarrollado sobre todo en el marco de las actividades de la ACJ, Asociación Cristiana de Jóvenes. En los mismos hemos podido desarrollar variada actividad que ayuda a incorporar no solo habilidades a los muchachos, tales como hacer o erigir una carpa, tener contacto con la naturaleza, acceder a agua desde fuentes naturales, cuidar el ambiente en el uso responsable de productos, cómo destinar finalmente los residuos, respetar a los animales, entender a las aves y en general a la naturaleza.
Hoy queremos centrarnos en otra parte de los campamentos y pasa sobre todo con la cultura de colaboración y cooperación que indudablemente se genera. Hoy vivimos en un mundo absolutamente individualista y hedonista justamente opuesto a los valores humanistas y cristianos que practicamos desde que tenemos consciencia. Por lo que vemos en los campamentos una herramienta útil para poder ser y hacer la mejor forma para cambiar este modelo con el que para nada estamos de acuerdo. Justamente es en los campamentos donde se genera un espíritu de colaboración que hace una red de ayudas necesarias para poder levar adelante cualquier tipo de misión. Una persona necesita de otra para recolectar agua, para cocinar, para armar una carpa, para pescar, para no contaminar, para hacer una zanja o para recolectar leña sin dañar a los árboles. Es allí donde se anudan amistades y donde se valora la fuerza del otro, las manos solidarias, el prestarse cosas y el no tener individualismos. Porque en un campamento se puede tener mucho o poco dinero pero no significa nada porque no hay donde comprar. Es más importante el hacer y el compartir que el tener. Vale más un poco de arroz compartido que miles de pesos en el bolsillo y esto todos los que hemos estado en un campamento sabemos que es así. Es infinitamente mejor una cantimplora solidaria que una billetera llena de miles de pesos. El apostar por la fuerza y la ayuda del otro es la mejor moneda de cambio en un campamento. Todos necesitamos de todos y esa es la lección primera que aprendemos donde no hay individualismos pues se sale a flote entre todos o no se sale. No hay salvación de a uno en un campamento. Sale bien para todos o para ninguno y esa es una ley que la enseña la experiencia pero que se aprende rápidamente. Muy rápidamente.
Esta parte de los campamentos generalmente no se destaca pero es fundamental. Porque genera espíritu de cuerpo, se valoran a todas las personas por lo que hacen y sus habilidades y sus responsabilidades y no por lo que tienen. Ahí no importan el color de la piel, la estatura o el peso, sino simplemente que esas manos pueden sumar al bien común y vaya si es importante pues hace nada menos que a la solución de los problemas que son de todos porque no hay lugar para individualismos.

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