Salto, Domingo 22 de Octubre de 2017

Tolerancia

Columnistas | 11 Oct. Gerardo Ponce De León.
Estando en una charla, se me vino a la memoria una frase que usó una política uruguaya, de Martín Luther King: “Hemos aprendido a volar como los pájaros; a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”. Cuando termino de decirla uno de los presentes me dice: “Eso es la intolerancia”.
Para no dejar de ser quien soy, al llegar a casa, fui directo al diccionario para dejar de lado que se todo y frente a este pensamiento son más las veces que erramos en su significado que las que se le da correctamente.
El Salvat me estaba esperando con sus hojas abiertas, pensando que me había olvidado de él. Intolerante: “Que no tiene tolerancia”. Dicha respuesta me a llevado a buscar tolerancia y dice: “Respeto y consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás”.
¡Hay Dios mío, cuanta verdad en una sola frase!
Creo que prácticamente soy bastante intolerante, que carezco mucho de la virtud de ser tolerante y me resulta ser más tolerante con la gente que tengo trato esporádico, que con la gente que tengo un trato casi o diario. Es muy capaz que entre a hacer fuerza el conocer, ya que uno puede sospechar lo que van a pensar a decir, y me atajo antes, usando la intolerancia.
Pero más me duele la frase de Luther es: “aprendido el sencillo arte”, ya que marca una realidad y me dice una gran verdad: QUE SOY BURRO. No puedo aprender algo sencillo y para colmo de males me lo eleva a que es un arte. El arte es la mejor expresión de los dones que uno tiene. No solamente que soy un burro, sino que le agrega que soy un negado.
Les pregunto, ¿se puede ser tolerante con una persona que me trata así? y la respuesta es que no me puedo enojar con alguien que me dice una realidad de mi persona; cuando lo que tendría que hacer, sería agradecerle. Tratar que el dolor, interno o la rabia, que me provoca, me tendría que llevar a tratar de mejorar en mi relación con los otros seres humanos.
Es que si nos ponemos a pensar, ese arte de vivir tiene tantos bemoles, tantas virtudes, que me obligarían a un cambio tan grande y como primera lección, a nivel personal. es ahí donde comienzan los males, es dejar tantas cosas de lado; comodidad, poder, orgullo, vanidad, ostentación, etc., que encierran en si, una nueva forma de vida para cada uno de los seres humanos que habitamos el planeta tierra. Y a este nivel mundial, más complicadas son las exigencias, ya que existen muchas barreras que separan a los humanos.
Los europeos de los asiáticos, de estos a los australianos, y así tendría seguir, como también nos vamos a encontrar grandes diferencias entre cada país, y dentro de ellos, en cada división territorial.
Pero lo más importante es que tengo que tratar de mejorar, de aprender ese sencillo arte, con la gente que me rodea, y así ir mejorando, uno primero para luego lograr llegar a los que me rodean, el conjunto a la sociedad y así comenzar la cadena de ir aplicando los deseos de un mundo, para todos mejor. No es una tarea sencilla, no es algo fácil de lograr, es algo que nos va a llevar más tiempo de lo pensado, que más de una vez, se nos pueden caer los brazos, que nos gane la desazón, pero creo que corresponde pensar que más de una vez, los grandes artistas, sintieron ganas de abandonar lo que estaban haciendo; pero las ganas, el sentirse realizados en lo que estaban haciendo, ya que era su sentir, continuaron con sus obras, que han quedado perpetradas dentro del arte humano.
Si lo sintiéramos así, cuan distinto sería el mundo en el que vivimos, ya que todos sentiríamos más ganas de vivir.

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